1977·Barrio de La Florida, Gallarta (Vizcaya)
España.Gallarta · los aterrizajes de La Florida
En marzo de 1977 La Gaceta del Norte publicó que en una escombrera de la zona minera de Gallarta (Vizcaya) habían aparecido más de ochenta huellas de aterrizajes de ovnis.
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El juez informador del Ejército del Aire encontró dos testigos, suegro y yerno: un encofrador que contaba cinco aterrizajes con seres que le daban la mano y un ingeniero naval que había visto de día, durante uno o dos segundos, un objeto que subía casi en vertical. La 3.ª Región Aérea concluyó que la información «no debe tomarse en consideración», y un estudio de Stendek de 1979, archivado en el mismo expediente, atribuyó las huellas a una retroexcavadora y concluyó que se trataba de un fraude.
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Evidencia limitada: un solo testigo, un testimonio recogido años después o un relato sin documentación primaria de la época.
Qué fue
89%causa natural o humana
Explicación más probable: posible fraude
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Causa natural o humana
Sin causa conocida
Documentos primarios
Expediente 770213 del Ejército del Aire (extracto, 19 págs.): resumen del MOA, recorte de La Gaceta del Norte, informes del juez informador, METAR, interpretación de la 3.ª Región Aérea y conclusión del estudio de Stendek (nombres de particulares tachados)
Fuente: Biblioteca Central del Ejército del Aire y del Espacio / Biblioteca Virtual de Defensa · CC BY 4.0 · abrir original
La noche en cuestión
El 24 de marzo de 1977 La Gaceta del Norte, de Bilbao, publicó en su página regional un reportaje de J. J. Benítez titulado «“Ovnis” sobre Gallarta»: en un relleno de la zona de La Florida, en el término de Gallarta (Vizcaya), habían aparecido «más de ochenta huellas» que en su mayor parte formaban círculos, los vecinos oían de noche «extraños zumbidos» y «el director técnico de uno de los más importantes astilleros de Bilbao» había visto uno de esos objetos «cuando se elevaba a gran velocidad». Ese artículo abrió el expediente 770213 del Ejército del Aire. El 11 de abril, el coronel jefe del Sector Aéreo de las Vascongadas envió al jefe del Estado Mayor de la 3.ª Región Aérea el recorte y la descripción del periodista; el 15 de abril Zaragoza se la devolvió para que se rehiciera con arreglo a las normas en vigor.
El juez informador, un capitán ingeniero técnico aeronáutico de la Zona Territorial de Industria n.º 4 nombrado por el Comandante Aéreo de Bilbao, pidió a Benítez las señas de los testigos, que no querían ser identificados. Según el resumen del expediente, encontró dos, que «resultaron ser suegro y yerno». El yerno, ingeniero naval y director técnico de una empresa de Santurce, declaró que el 13 de febrero, a una distancia que calculó en un kilómetro, vio «elevarse, casi verticalmente y a una enorme velocidad, un artefacto, que sin meter ruido alguno, desapareció en el cielo». Lo describió con forma de «hongo aplastado», con una cúpula en una cara y una especie de patas en la otra, de color gris acerado y rodeado de una aureola muy brillante «que bien podría ser reflejo del sol»; le calculó de 20 a 25 metros de diámetro y una duración de uno a dos segundos, y dijo que dejó en el aire una especie de hilo que desapareció en fracciones de segundo. La hora no coincide entre los papeles: su declaración dice «hacia las 4 de la tarde», el formulario anota las 14:00 Z y el resumen del Mando Operativo Aéreo, «hacia las 1700 locales». El juez escribió que el declarante «parece ofrecer todas las garantías para creer en sus declaraciones»; preguntado por el vecino que según el reportaje había visto ovnis cuatro veces, el ingeniero respondió que era su suegro.
El suegro, encofrador de 50 años que vivía en el barrio de La Florida, contó en una entrevista de unas dos horas y media cinco apariciones entre mediados de febrero y el 29 de abril, la última posterior al reportaje. En la primera, hacia las dos de la madrugada, oyó una llamada con su nombre, salió, cruzó un bosquecillo y vio en la explanada un platillo que se balanceaba y sacaba y metía unas patas; se abrió una puerta corredera y bajaron dos seres enfundados en monos que le dijeron que no temiera y que se tenían que marchar porque los habían detectado. En la segunda, otros dos seres le dijeron que venían a ayudar a la Tierra porque «se estaba saliendo de su órbita y se estaba inclinando demasiado». En la tercera bajó del platillo una pequeña «tanqueta», casi cúbica, de un metro de lado, que parecía tomar muestras del terreno; él tocó el aparato, de superficie metálica con una especie de escamas soldadas, y estrechó la mano de uno de los seres, que estaba «terriblemente fría». El 29 de abril, hacia las 11 de la noche, mientras veía el programa «Un, dos, tres», el platillo se posó a unos 35 metros de su casa y tres seres le dieron la mano. El juez anotó que en la explanada había «infinidad de huellas» que no confirmaban nada, porque la lluvia y los centenares de curiosos llegados tras el reportaje lo habían revuelto todo; solo unas, que dibujó, podían formar un arco de una circunferencia de 40 a 50 metros. Fechó su primer informe en Bilbao el 20 de mayo.
El 10 de junio la 3.ª Región devolvió la información porque consideraba insuficiente la investigación. El informe ampliado, fechado el 27 de julio, añadió un METAR del aeropuerto de Bilbao para las 14:00 Z del 13 de febrero (viento de 190° a 26 nudos con rachas de 48, visibilidad superior a 10 kilómetros, 2/8 de estratocúmulos a 1.200 metros y 6/8 de altoestratos a 2.700) y concluyó que, descartados los ingenios conocidos, lo visto por el yerno debía incluirse «entre los Objetos Voladores No Identificados», mientras que el nivel cultural del suegro, «la sensación que produce de estar algo "fuera de lo normal"» y la falta de prueba alguna obligaban a no darle crédito, «atribuyéndoselo a su imaginación». El 4 de agosto el general jefe accidental de la 3.ª Región Aérea remitió al Estado Mayor del Aire su interpretación: la información no parecía ofrecer suficiente garantía de fiabilidad «por razón del escaso número de testigos, por estar éstos además emparentados, y porque el estado de uno de ellos no ofrece garantía de equilibrio mental, en tanto que el de más categoría humana ofrece una observación en que la fugacidad del objeto contrasta con los detalles que apreció a considerable distancia». Concluyó que «no debe tomarse en consideración la presente información».
El expediente creció dos años después. El 15 de mayo de 1977 el diario YA había publicado el reportaje de Benítez «Huellas en una zona minera», cuarto capítulo de una serie titulada «“Ovnis”: documentos oficiales del Gobierno español». El equipo de Consultores de Stendek escribió a la 3.ª Región Aérea que ese artículo daba el caso por «ratificado por el Ministerio del Aire, cosa que nosotros no creemos», y le envió su estudio, fechado en San Sebastián el 1 de septiembre de 1979, con la lista de sus consultores, entre ellos el ingeniero de telecomunicaciones Félix Ares de Blas y Vicente J. Ballester Olmos. Según el estudio, en cerca de una decena de visitas el testigo dio dos versiones muy distintas; ni su mujer ni sus hijos presenciaron ninguno de los aterrizajes, y en la primera entrevista identificó como la nave que había visto el emblema del Centro de Estudios de Fraternidad Cósmica, que reproduce la nave de Adamsky. El operario de una pequeña retroexcavadora les dijo que meses antes había hecho las huellas al arrancar piedras de carbonato ferroso, y las medidas coincidían con las de su máquina; además, junto a la escombrera pasaban camiones día y noche, uno cada menos de tres minutos, y sus conductores no habían visto nada anormal. La conclusión fue: «Se trata pues de un fraude». El 10 de septiembre la 3.ª Región agradeció la información a Ares de Blas, y el 11 remitió el estudio al Estado Mayor del Aire. El expediente se desclasificó en enero de 1995.
Por qué importa
Gallarta es un caso de aterrizajes con ocupantes, apretones de mano y una tanqueta que toma muestras, y por eso mismo sirve de contraste. El expediente conserva el recorrido completo: un reportaje de prensa que llega al mando, una instrucción que Zaragoza devuelve dos veces, un juez que acaba separando a sus dos testigos, una región aérea que descarta la información y, dos años después, un estudio civil que localiza el origen de las huellas. También muestra cómo circuló el caso fuera del cuartel: el YA lo presentó dentro de una serie de «documentos oficiales del Gobierno español», y el estudio de Stendek señala que la prensa lo calificó de «un caso fuera de toda duda» porque lo había investigado el Ministerio del Aire, cuando la región aérea había concluido que no debía tomarse en consideración.
La explicación prosaica cubre bien la capa principal. Las huellas, que la prensa presentó como prueba de los aterrizajes, tienen según Stendek un origen terrestre que reconoció el propio operario de la retroexcavadora y que se comprobó con las medidas de su máquina; el relato cambiaba de una entrevista a otra; nadie de la familia vio nada, y por el borde de la escombrera pasaba un camión cada pocos minutos. El juicio oficial había llegado antes y por otra vía: dos testigos emparentados, el relato del suegro atribuido por el juez a su imaginación y el del yerno reducido por el general a una observación fugaz con demasiados detalles.
Queda una capa menor que el fraude no explica del todo: la observación diurna del yerno, un objeto que subió casi en vertical durante uno o dos segundos. Stendek la deja aparte, escribe que el ingeniero la hizo junto a su esposa y que «presumiblemente, nada tiene que ver con los que nos ocupan»; el juez la incluyó entre los objetos no identificados. Pesan en contra la brevedad, que el general contrapuso a los detalles que el testigo dijo apreciar a un kilómetro, las tres horas distintas que dan los papeles, el cielo que el formulario da por «casi despejado» frente a los 6/8 de altoestratos del METAR, y que el estudio de Stendek afirma que el Colegio Oficial de Ingenieros Navales no tenía en sus archivos a nadie con el nombre del yerno. Stendek tampoco cerró del todo su propio juicio: tras concluir que la historia no ocurrió, se preguntaba si el testigo la inventó de modo consciente o inconsciente, y escribió que su opinión sobre un fraude consciente «no es definitiva».
Los dos testigos son de la misma familia, cada uno describe sucesos distintos que nadie más corrobora y sus declaraciones oficiales se tomaron unos tres meses después.
Lo que queda en papel
Evidencia documentada
- La Gaceta del Norte, 24 mar 1977: reportaje de J. J. Benítez sobre «más de ochenta huellas» en un relleno de La Florida, origen del expediente
- Declaración del yerno, ingeniero naval: objeto en forma de «hongo aplastado» que sube casi en vertical, sin ruido, durante uno o dos segundos, a un kilómetro; METAR de Bilbao con visibilidad superior a 10 km y 6/8 de altoestratos
- Relato del suegro, encofrador de 50 años: cinco apariciones entre febrero y el 29 de abril, con seres, una «tanqueta» y apretones de mano; el juez lo atribuye «a su imaginación» (Bilbao, 27 jul 1977)
- Interpretación de la 3.ª Región Aérea (4 ago 1977): testigos escasos y «emparentados»; la información «no debe tomarse en consideración»
- Estudio de Stendek (San Sebastián, 1 sep 1979): las huellas las hizo una retroexcavadora al arrancar piedras de carbonato ferroso; «Se trata pues de un fraude», con la salvedad de que su opinión sobre un fraude consciente «no es definitiva»
Fuentes
- Ministerio de Defensa (España), Biblioteca Virtual de Defensa: expediente 770213, «Avistamiento de fenómenos extraños en Gallarta (Vizcaya): 13 de febrero de 1977», 93 págs. — Fuente primaria completa: resumen del MOA, recortes de La Gaceta del Norte y del YA, informes del juez informador, METAR, interpretación de la 3.ª Región Aérea y estudio de Stendek de 1979. Licencia CC BY 4.0.
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