1956·Refugio Coppermine, isla Robert, islas Shetland del Sur (Antártida)
Antártida · Isla Robert (expedición chilena).Isla Robert · los dos «cilindros» de la expedición chilena
En enero de 1956, cuatro chilenos de la X Expedición Antártica, aislados en un refugio de la isla Robert con la radio averiada, dijeron haber visto durante unas 36 horas dos objetos metálicos en forma de cilindro, verticales e inmóviles en el cielo, que a ratos maniobraban en zigzag.
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El relato se conoció once años después, en un boletín ufológico con nombres falsos; el único testimonio de primera mano publicado es el del ayudante Abelardo Báez, que lo contó desde 2019. Las fuentes discrepan en la fecha, y el informe oficial de uno de los científicos da por terminada la estancia antes del día en que el relato los hace rescatar.
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Evidencia limitada: un solo testigo, un testimonio recogido años después o un relato sin documentación primaria de la época.
Qué fue
56%causa natural o humana
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Causa natural o humana
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Documentos primarios

Contexto · la península Coppermine, en la isla Robert, donde estaba el refugio
Foto de 2005 de la península Coppermine, en la isla Robert (islas Shetland del Sur). Es una imagen del lugar, no del fenómeno: del avistamiento no se ha publicado ninguna foto.
Coppermine-Peninsula.jpg (Apcbg) · Wikimedia Commons · CC BY-SA 3.0 · abrir original
«UFO Chile» nº 2, octubre de 1967 · el primer relato del caso
Boletín ufológico chileno, sin firma, que publicó por primera vez el caso once años después de los hechos, con nombres falsos y situándolo en la isla Robertson. Es la base de la versión que el CEFAA publicó en 2015. El facsímil y la transcripción están en el sitio de Patrick Gross; los derechos de las imágenes no están aclarados.
UFO Chile (1967), vía ufologie.patrickgross.org · ver fuente
La noche en cuestión
En el verano austral de 1955-1956, la X Expedición Antártica chilena dejó a cuatro hombres en el refugio Coppermine de la isla Robert, en las Shetland del Sur, para hacer trabajos científicos durante un mes: el glaciólogo Jorge Moder Jorquera, de la Universidad Católica; el biólogo marino Celestino Castro Alvarenga, de la estación de Biología Marina de la Universidad de Chile en Montemar; su ayudante, Abelardo Báez, de 18 años; y el sargento enfermero de la Armada Héctor Juan Adofacci. Según Báez, la radio con la que hablaban cada tarde con la base Arturo Prat, en la isla Greenwich, se averió a los pocos días y quedaron aislados.
El relato apareció por primera vez en octubre de 1967, en el número 2 del boletín «UFO Chile», bajo el título «Científicos observan ovnis durante dos días sobre la Antártida (8 a 10 de enero, 1956)». El texto, sin firma, usaba nombres falsos «a pedido de los protagonistas» y situaba los hechos en la isla Robertson, en el mar de Weddell. Contaba que la mañana del 8 de enero dos de los expedicionarios vieron dos objetos metálicos en forma de puro, verticales e inmóviles, del tamaño aparente de la Luna llena, y que pronto los cuatro los observaban. Hacia las nueve, uno de ellos se habría puesto horizontal y habría hecho maniobras en zigzag durante unos cinco minutos, cambiando de color, antes de volver junto al otro. Un detector Geiger habría marcado una radiactividad cuarenta veces mayor de lo normal; con un teodolito, tomando como referencia unos cirros, uno de los científicos habría calculado una altura de unos 8.000 metros, una longitud de unos 150 metros y una velocidad de 40.000 kilómetros por hora. Cuando uno de ellos les apuntó un lente polarizador, un objeto habría descendido, y su compañero, presa de los nervios, habría destrozado el lente de una patada. Los objetos habrían desaparecido de madrugada, durante un temporal, y un helicóptero los habría rescatado el 20 de enero. El boletín añadía que tomaron muchas fotos, que se lo contaron a un alto oficial de la Armada y que el centro de inteligencia técnica aérea de Estados Unidos (ATIC) les envió un cuestionario.
El comité oficial chileno que estudia estos fenómenos, el CEFAA, publicó el relato en su web en 2015 con el título «Caso Isla Robertson en la Antártica», pero es una reedición del texto de 1967, con los mismos nombres falsos. Los nombres reales aparecieron en la segunda edición de «Los ovnis de la Antártida» (2018), del argentino Rubén Morales: los de los dos científicos se los dio Pablo Petrowitsch, amigo de uno de los testigos y origen del informe del CEFAA, y los otros dos los halló en documentos de la época. Morales fijó además el lugar en la isla Roberts, en las Shetland del Sur, y no en la isla Robertson. Después, el investigador chileno Patricio Abusleme localizó y entrevistó a Abelardo Báez, el ayudante, que en 2022 contó su versión en el programa «Así Somos» de La Red. En otra versión del relato, la del libro «Alienígenas americanos» (2022), el caso aparece fechado en 1955.
En 2022, Abelardo Báez, entonces de 85 años y único superviviente, contó su versión al periódico El Porteño. Según él, todo ocurrió «un 4 de enero del año 1956»: Castro vio los objetos primero, luego salieron Moder y el sargento, y él al final; eran «dos zepelines, como lápices», verticales y estáticos, que cambiaban de color, y estuvieron «36 horas allí estáticos». Moder midió con un altímetro y un medidor de radiactividad, y cuando hizo señales con un lente los objetos se acercaron, hasta que Castro, asustado, le rompió el espejo con un palo. Según Báez, los objetos se orientaban siempre hacia la base Prat, y en sus maniobras se alejaban en dirección a otras bases. Dijo que, al volver al barco, el comandante les requisó los rollos de fotos y les prohibió hablar; que, según supo después por Moder, la documentación fue enviada a Estados Unidos por la Armada; que los fueron a buscar «como el 20 de enero», y que alcanzaron a estar «como tres semanas» en la isla. Atribuye las cifras —unos 150 metros de largo y «casi cuarenta y cinco mil kilómetros por hora»— a un documento de Moder que dice conservar. Báez conserva además los informes científicos que Moder y Castro entregaron al comandante en jefe de la Décima División Antártica, en Bahía Chile, el 13 de febrero de 1956; en el suyo, Castro escribe que la bandera estuvo izada en el refugio «durante 25 días, que fueron del 19 de Diciembre de 1955 al 12 de Enero de 1956».
Por qué importa
El caso tiene a su favor cuatro testigos con nombre, cuya presencia en la isla consta en documentos de la época, y uno de ellos que lo contó en persona. Pero todo lo que describe el fenómeno es tardío. El primer texto, de 1967, es anónimo, usa nombres falsos, sitúa la escena en otra isla y otro mar, y trae detalles difíciles de sostener: 21 grados bajo cero en pleno verano antártico, una velocidad calculada de 40.000 kilómetros por hora, la referencia a teorías de propulsión de los platillos y un «Segundo Año Geofísico Internacional, 1956 a 1958» que no existió (el Año Geofísico fue 1957-1958). Pero acierta en lo que se pudo comprobar después —dos científicos, un ayudante y un sargento enfermero; un mes de estancia; la radio averiada—, y su reparto de papeles coincide con el de Báez: quien ve primero y rompe el lente es uno, quien mide y hace señales es el otro. Eso apunta a una fuente cercana a los testigos. Ninguna foto del fenómeno ha aparecido, en la recopilación de prensa chilena del Año Geofísico Internacional publicada en 2006 no aparece ninguna mención, y no se ha encontrado ningún expediente de la Armada ni del ATIC; en la colección digitalizada de Blue Book no figura ningún caso antártico de 1956.
Las dos versiones coinciden en lo esencial —dos cilindros verticales, inmóviles durante horas, que a ratos maniobran, la radiactividad, el lente que los atrae y el compañero que lo rompe, y el material enviado a Estados Unidos—, pero no en la fecha (el 8 de enero en el boletín, el 4 en el recuerdo de Báez) ni en lo que pasó después: el boletín habla de una confidencia a un oficial que no se alteró, y Báez de rollos requisados y una prohibición de hablar. Y hay un dato de la época que choca con las dos: el informe que Castro firmó en febrero de 1956 dice que la bandera estuvo izada en el refugio hasta el 12 de enero, mientras que ambos relatos hacen llegar el rescate hacia el 20. Si la bandera se arrió al dejar el refugio, la salida fue unos ocho días antes de lo que cuenta la historia; el propio Báez calcula que estuvieron «como tres semanas», más cerca del informe. Las dos fechas del avistamiento caen dentro de esa estancia: el choque es solo con el día del rescate. Tampoco se sabe si los informes científicos mencionan el fenómeno, porque solo se han citado por las fechas y el lugar; el de Castro se publicó en el Anuario Hidrográfico de la Marina de Chile en 1980. Las cifras que Báez atribuye a un documento de Moder casi coinciden con las del boletín: o lo corroboran, o el recuerdo de Báez se ha ido ajustando a la versión publicada.
En esas condiciones, el caso vale como ejemplo de cómo un relato se fija con el tiempo. Un texto anónimo con seudónimos se convierte en página de un organismo oficial y luego en capítulo de libro, y cada paso le da una apariencia de respaldo que el anterior no tenía. Lo que sigue siendo verificable es poco y concreto: quiénes estuvieron, dónde y cuándo según el informe de Castro. La entrevista a Moder en Canal 13 que Báez recuerda, y que El Porteño fecha en abril de 1968, sería el testimonio más cercano a los hechos de uno de los científicos, y no se ha localizado.
Lo que queda en papel
Evidencia documentada
- Boletín «UFO Chile» nº 2 (octubre de 1967), anónimo y con nombres falsos: dos objetos en forma de puro vistos del 8 al 10 de enero de 1956, con radiactividad, mediciones con teodolito, fotos y un cuestionario del ATIC
- Página del CEFAA «Caso Isla Robertson en la Antártica» (29 de julio de 2015), reedición del relato de 1967 con los mismos seudónimos
- Rubén Morales, «Los ovnis de la Antártida» (2.ª ed., 2018): nombres reales de los cuatro testigos (los de los científicos, por Pablo Petrowitsch) y ubicación en la isla Roberts
- Entrevista a Abelardo Báez en El Porteño (19 de abril de 2022): único testimonio de primera mano publicado, con fecha del 4 de enero, 36 horas de observación, rollos requisados y unas «tres semanas» de estancia
- Informe de Celestino Castro al comandante de la X División Antártica (13 de febrero de 1956), citado en El Porteño: la estancia en el refugio fue del 19 de diciembre de 1955 al 12 de enero de 1956
- Sin fotos publicadas del fenómeno, sin mención en la recopilación de prensa chilena del Año Geofísico Internacional (2006) y sin ningún caso antártico de 1956 en la colección digitalizada de Blue Book
Fuentes
- «UFO Chile» nº 2 (octubre de 1967), facsímil y transcripción en ufologie.patrickgross.org — Primera versión escrita del relato, con nombres falsos; continúa en las páginas 2 a 4 del mismo número.
- Guillermo Correa — «Avistamiento de OVNIS en la Antártida: conversando con Abelardo Báez Cortés» (El Porteño, 19 abr 2022) — Testimonio de primera mano de Báez y cita del informe de Castro de febrero de 1956.
- Rubén Morales — «Sorprendente novedad actualiza el caso de dos extraños cilindros que se vieron sobre la Antártida en 1956» (Antártida Enigmática, 13 sep 2019) — Los nombres reales de los testigos, su origen en Pablo Petrowitsch y la corrección de la isla Robertson a la isla Robert.
- CEFAA — «Caso Isla Robertson en la Antártica» (29 jul 2015), versión en inglés en Project 1947 — Reedición oficial del relato de 1967, con los mismos seudónimos. La traducción inglesa trae errores en las cifras; las de la ficha son las del boletín.
- AARO — Fiscal Year 2024 Consolidated Annual Report on UAP (14 nov 2024), tasa base — Tasa base de casos resueltos: los 174 casos cerrados en el año fiscal 2024 lo fueron como objetos prosaicos.
- M. Consuelo León Wöppke y otros (eds.) — «La Antártica y el Año Geofísico Internacional, 1954-1958. Percepciones desde fuentes chilenas» (Valparaíso, 2006) — Recopilación de prensa y documentos chilenos de la época; no menciona el avistamiento. Su bibliografía recoge el informe de Castro publicado en el Anuario Hidrográfico nº 40 (1980).