1976·Base Aérea de Talavera la Real (Ala 23), Badajoz, Extremadura

España.Talavera la Real · el «Hombre Verde» (1976)

La madrugada del 12 de noviembre de 1976, tres soldados de guardia en el área de combustible de la Base Aérea de Talavera la Real (Badajoz) reportaron interferencias, un silbido, un apagón y un perro alterado. José Manuel Trejo describió una figura de tres metros hecha de puntos de luz verde antes de perder el conocimiento; sus compañeros dispararon contra ella, que se desvaneció; no se hallaron casquillos ni impactos. El expediente desclasificado en 1996 no trae parte del suceso: el Estado Mayor dice no tener «constancia del hecho». Nada en él respalda un objeto o un ser.

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Evidencia limitada: un solo testigo, un testimonio recogido años después o un relato sin documentación primaria de la época.

Qué fue

67%causa natural o humana

Explicación más probable: causa psicológica, médica o social

Causa natural o humanaSin causa conocida
Ver el reparto entre las seis explicaciones

Causa natural o humana

Causa psicológica, médica o social60%
Tecnología humana clasificada4%
Tecnología adversaria3%

Sin causa conocida

Indeterminado22%
No humano, sin control de ningún Estado8%
No humano, ocultado por un Estado3%
Por qué: Ballester Olmos apunta a un posible «delirio alucinatorio por parte de una persona con antecedentes psiquiátricos, unido a histeria contagiada». (V. J. Ballester Olmos, citado por COPE Extremadura (23 feb 2026) ↗)

Documentos primarios

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Expediente 761112 del Mando Operativo Aéreo, «Avistamiento de fenómenos extraños en la base aérea de Talavera» (desclasificado en 1996), extracto de 10 págs.

Resumen e índice de la Sección de Inteligencia del Mando Operativo Aéreo, la nota del agregado de Defensa en Caracas (abril de 1982) que remite el artículo del Diario de Caracas, la ficha del suceso («aparición humanoide»; testigos J. M. Trejo, Hidalgo y otro, tres soldados; «fiabilidad expediente: falta») y cuatro respuestas oficiales: el general segundo jefe del Estado Mayor del Aire (1984) dice que se nombró un juez instructor y que no consta el hecho en el Estado Mayor; la Oficina de Relaciones Públicas del Aire (1984) y la DRISDE (1985) repiten lo del juez, fechando el suceso por error el 12 de diciembre, y el jefe accidental del Ala 23 (1991) no halla documento alguno. El resumen anota que no aparece el informe elevado a la autoridad judicial.

Fuente: Biblioteca Central del Ejército del Aire y del Espacio / Biblioteca Virtual de Defensa · CC BY 4.0 · abrir original

Contexto · Talavera la Real (Badajoz, España)

Contexto · Talavera la Real (Badajoz, España)

Base Aerea - Talavera la Real.JPG · Wikimedia Commons · CC BY-SA 3.0 · abrir original

La noche en cuestión

La madrugada del 12 de noviembre de 1976, en la Base Aérea de Talavera la Real (Badajoz, Extremadura), tres soldados de reemplazo estaban de guardia en la zona de combustible: José Manuel Trejo, que según su propio relato ejercía de cabo de guardia, José Hidalgo, que hacía la guardia con el perro Nerón, y Juan Carrizosa Luján. Una versión anterior, recogida por Extremadura Misteriosa, sitúa a Trejo y a Carrizosa cada uno en su garita, separados por unos sesenta metros. Según los testimonios, la secuencia empezó con un ruido anómalo, primero comparable a una interferencia de radio y luego a un silbido agudo que se prolongó varios minutos, acompañado de un apagón parcial del alumbrado del perímetro e interferencias en las comunicaciones; Trejo recuerda además «una explosión de luz muy blanca». El perro se mostró intensamente alterado y, según Trejo, los guió hacia el centro de la alameda, donde había «un remolino muy grande de aire».

Cuando el remolino cesó, Trejo describió junto a la tapia una figura de gran tamaño (cercana a los tres metros de altura), aparentemente formada por pequeños puntos de luz verde, con los brazos en cruz, de proporciones anómalas y sin manos ni pies definidos. Su arma se encasquilló; sintió «una energía que le traspasó el pecho» y cayó sin conocimiento. Sus dos compañeros abrieron fuego contra la aparición (dos cargadores de veinte proyectiles según Trejo, «hasta 50 disparos» según COPE) y la figura, siempre según el relato, se desvaneció. Al día siguiente, más de cincuenta militares peinaron la zona y no encontraron ni los casquillos ni impactos de bala en la tapia. Trejo pasó veinticinco días ingresado en Badajoz con convulsiones y un mes en un hospital militar de Madrid, y dice haber estado trece días en coma; él y sus compañeros fueron acusados de haber tomado drogas e inventado el testimonio, algo que niega. Hidalgo y Carrizosa han muerto; Trejo es el único testigo vivo.

El relato se hizo público por la prensa: lo publicó J. J. Benítez en la revista Mundo Desconocido (n.º 17, noviembre de 1977) y en 1981 lo reprodujo el Diario de Caracas. El expediente que el Ministerio de Defensa desclasificó en 1996 (n.º 761112, Mando Operativo Aéreo, 28 páginas, hoy en la Biblioteca Virtual de Defensa) nace de ahí, no de un parte de la base: lo abre el agregado de Defensa en Caracas, que en abril de 1982 remite el artículo «por si acaso» la Sección de Inteligencia no lo conocía, y lo completan las cartas de particulares que pedían información. Las respuestas oficiales dicen poco. En 1984 el general segundo jefe del Estado Mayor del Aire fija la respuesta a un particular: para averiguar la causa de los hechos, la autoridad judicial «nombró a un Juez Instructor» que le envió la información sumaria, «no existiendo constancia del hecho en el Estado Mayor del Aire», y toda información sobre ovnis seguía siendo materia reservada; en 1985 la Dirección de Relaciones Informativas y Sociales de la Defensa (DRISDE) repite a otro particular que «fue nombrado un Juez Instructor, quien elevó a la Autoridad Judicial las pertinentes conclusiones»; en 1991 el jefe accidental del Ala 23 escribe que no existe documento alguno sobre el asunto, y las consultas del Mando Operativo Aéreo a la base y a la DRISDE no encontraron ni ese informe ni ningún otro. La ficha del caso que el propio Mando redactó al desclasificarlo marca «fiabilidad expediente: ¡falta!» y resume el suceso a partir del reportaje. El expediente, por tanto, documenta que hubo una investigación judicial militar cuyo resultado no se conserva, no un parte de la alarma, y no establece qué ocurrió aquella madrugada.

Por qué importa

Talavera la Real es un relato de encuentro cercano extraordinario envuelto en una cadena de custodia institucional real. El caso enseña la distancia entre dos hechos que suelen confundirse: que exista un expediente militar desclasificado no significa que el Ejército del Aire validara un fenómeno anómalo; aquí ni siquiera documenta la alarma: documenta un reportaje, unas cartas y la mención de un juez instructor cuyo informe no se conserva.

Vicente Juan Ballester Olmos (investigador que participó en la propia desclasificación de los expedientes) apunta a un posible «delirio alucinatorio por parte de una persona con antecedentes psiquiátricos, unido a histeria contagiada», que, sumado al miedo y la confusión de reclutas jóvenes en plena noche, degeneró en el relato reportado. Sostiene además que el mando de la base nunca lo consideró un hecho de tipo ovni y que el expediente se abrió por las cartas que llegaron al Ministerio pidiendo información. La guardia nocturna aislada, el armamento cargado, la tensión de una base militar en el tardofranquismo y la ausencia de cualquier evidencia física concluyente (ni traza, ni fotografía, ni contacto radar) encajan con ese cuadro. Queda una incógnita que el cuadro no resuelve: según el testigo principal, sus compañeros dispararon dos cargadores de veinte proyectiles, y «las 40 balas nunca se encontraron; ni siquiera se hallaron los casquillos».

El expediente prueba que el Ministerio se ocupó del asunto; la evidencia interna es el testimonio de la guardia, sin corroboración instrumental. Es un ejemplo de por qué «documentado por un ejército» e «inexplicado» no son sinónimos de «no humano», y de cómo un episodio de percepción y sugestión puede quedar fijado para siempre en un archivo oficial.

Lo que queda en papel

Evidencia documentada

  1. Expediente 761112 del Ejército del Aire, desclasificado en 1996 (Biblioteca Virtual de Defensa): sin parte del suceso; reportaje de prensa, cartas, «no existe constancia del hecho» (Estado Mayor, 1984) y mención de un juez instructor cuyas conclusiones no se conservan (DRISDE, 1985)
  2. Tres soldados de guardia en la zona de combustible (José Manuel Trejo, José Hidalgo y Juan Carrizosa Luján); una versión anterior sitúa a Trejo y Carrizosa en garitas separadas ~60 m
  3. Secuencia reportada: interferencia de radio / silbido agudo, apagón parcial del perímetro, perro militar alterado, disparos con arma reglamentaria
  4. Descripción del humanoide: ~3 m de altura, puntos de luz verde, brazos largos sin manos ni pies; Trejo perdió el conocimiento
  5. Sin evidencia física concluyente: ni traza material, ni fotografía, ni contacto radar
Ver 3 evidencias más
  1. Lectura escéptica (V. J. Ballester Olmos): posible «delirio alucinatorio por parte de una persona con antecedentes psiquiátricos, unido a histeria contagiada»; según él, el mando nunca lo trató como un hecho de tipo ovni
  2. Según el testigo principal, se dispararon dos cargadores de 20 proyectiles y «las 40 balas nunca se encontraron; ni siquiera se hallaron los casquillos» (Planvex, 2017); Al día siguiente, más de cincuenta militares peinaron la zona y no encontraron ni casquillos ni impactos de bala en la tapia (COPE, 2026)
  3. Trejo: 25 días ingresado en Badajoz con convulsiones, un mes en un hospital militar de Madrid y, según él, 13 días en coma; los soldados fueron acusados de haber tomado drogas, algo que niega (Planvex, 2017)

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