1948–1950·Sandia Base, New Mexico
Estados Unidos.Sandia: bolas de fuego verdes
Entre diciembre de 1948 y mayo de 1950 la oficina de la OSI en Kirtland compiló unos 150 incidentes de luces en el cielo del corredor nuclear de Nuevo México; el meteoriticista Lincoln La Paz aceptó 72 como «bolas de fuego verdes», menos del 5% de todos los reportes que recibió. Dos conferencias en Los Álamos no hallaron explicación, y el Project Twinkle cerró en 1951 sin una conclusión firme. Los documentos se publicaron en 2026 en la entrega 02 de PURSUE.
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Evidencia institucional: varios testigos independientes identificados, o documentación oficial de la época, sin un registro instrumental que los corrobore.
Qué fue
66%causa natural o humana
Explicación más probable: meteoro o bólido
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Causa natural o humana
Sin causa conocida
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Apuntan a la misma clase Bradbury (1949), el Proyecto Twinkle (1951) y Joseph Kaplan, que las tuvo por «fenómenos naturales». En contra: Teller dijo que sonaba «a cualquier cosa menos a meteoros», y en 1951 La Paz sostuvo que sus trayectorias impedían clasificarlas como fenómenos naturales.Documentos primarios
DOW-UAP-D017 — correspondencia general de Sandia (green fireballs)
Department of War (PURSUE Release 02) · Dominio público · obra del Gobierno de EE. UU. · abrir original
Los años en cuestión
A partir de finales de 1948, personal militar, agentes de inteligencia y científicos en el corredor nuclear de Nuevo México (Sandia Base, Los Alamos National Laboratory, Kirtland AFB y el área de White Sands/Holloman) comenzaron a reportar «bolas de fuego verdes» (green fireballs): bolas o estelas de un verde intenso que cruzaban el cielo, a menudo horizontalmente y sin el arco descendente típico de un meteoro. Según el acta de la conferencia celebrada en Los Álamos el 16 de febrero de 1949, el fenómeno «comenzó hacia el 5 de diciembre de 1948», y La Paz analizó una serie de bolas verdes observadas entre el 5 y el 20 de diciembre. La concentración geográfica era llamativa: en esa reunión se señaló que, pese a que las condiciones de observación de meteoros en todo el país habían sido normales, no se habían reportado bolas verdes fuera del triángulo formado por Los Álamos, Las Vegas (Nuevo México) y el oeste de Texas. La oficina de la OSI en Kirtland compiló después unos 150 incidentes entre diciembre de 1948 y mayo de 1950; en mayo de 1950 La Paz aceptaba como bolas de fuego verdes 72 de ellos, casi la mitad de esa compilación pero menos del 5% del total de reportes sin filtrar que le habían llegado. Un resumen de la 17.ª oficina de distrito de la OSI en Kirtland, fechado el 19 de abril de 1949 y conservado en el mismo expediente de Sandia, enumeraba los rasgos comunes (color verde, trayectoria horizontal, velocidad menor que la de un meteoro pero mayor que la de cualquier avión conocido, ausencia de sonido y de estela, visibilidad de uno a cinco segundos) y concluía: «En ninguno de los incidentes reportados se ha determinado que un objeto natural o fabricado por el hombre sea el responsable».
La inteligencia de Kirtland AFB y el Armed Forces Special Weapons Project (AFSWP) (la entidad que custodiaba el arsenal nuclear) tomaron el asunto en serio precisamente por la proximidad a objetivos estratégicos. Desde diciembre de 1948 colaboró con ellos, como consultor voluntario de la 17.ª oficina de distrito de la OSI, el Dr. Lincoln La Paz, director del Institute of Meteoritics de la Universidad de Nuevo México y una de las mayores autoridades del país en meteoritos. La Paz organizó cálculos de triangulación y búsquedas de impacto, y en 1949 promovió recoger polvo del aire bajo la trayectoria de algunas bolas: el químico William Crozier halló partículas de cobre en varias muestras, aunque también en una tomada diez días antes de la bola del 24 de julio, y al principio atribuyó las mayores al edificio de ensayos del campus, si bien luego aparecieron también en muestras tomadas lejos de él; juzgó los resultados «negativos o inconcluyentes», y La Paz lo aceptó, aunque advirtió que el cobre es de los elementos más raros en los meteoritos y que, si venía de las bolas, no podían ser meteoritos convencionales. En su informe del 20 de diciembre de 1948 enumeró diez diferencias con los meteoros típicos: trayectorias horizontales, altura muy baja, velocidad menor, ausencia de ruido pese a esa altura, brillo pleno desde el primer instante, un verde intenso que identificó con el de las sales de cobre, duración de dos a tres segundos y ausencia de estela de chispas o polvo. La misma lista notaba que los grupos de bolas verdes coincidían con las lluvias de meteoros Cuadrántidas, Perseidas y Gemínidas, algo que La Paz leyó como un intento de hacerlas pasar inadvertidas; y en mayo de 1950 corrigió el primer rasgo, porque muchas habían caído en vertical, y anotó dos posibles excepciones al silencio, aunque advirtió que una caída estrictamente vertical también es muy rara en los meteoros genuinos. En ese informe añadió una undécima diferencia: el máximo horario de las bolas, hacia las 20:30, no coincidía ni con el de los meteoros ordinarios, hacia las 3:00, ni con el de las caídas de meteoritos, hacia las 16:00. En la conferencia de febrero de 1949, Edward Teller calculó que un objeto material a esa velocidad y altura produciría un estampido audible a diez kilómetros y, como nadie oyó nada, se inclinó por que no fueran objetos materiales y aconsejó buscar la explicación en la óptica o la electrónica; los presentes coincidieron en que era casi increíble que un misil cruzara la atmósfera así sin ruido. El acta literal de esa reunión matiza ese resumen: Teller dijo que lo descrito sonaba «a cualquier cosa menos a meteoros», pero Bradbury objetó que la luz podía venir de reacciones químicas y no de la energía cinética, y Teller le dio la razón; Bradbury replicó también que el verde «no es un color desconocido en los meteoros» (La Paz contestó que el verde de los meteoros es azul verdoso y que este verde amarillento no se había observado nunca) y cerró la sesión diciendo que seguía sin dar por descartados los meteoros, aunque le desconcertaban la larga trayectoria horizontal y la ausencia de ruido. En esa reunión La Paz propuso que fueran maniobras defensivas de un mando superior estadounidense, y contó que Joseph Kaplan, del Consejo Científico Asesor de la Fuerza Aérea, le había dicho que no podían ser caídas de meteoritos convencionales, aunque mencionó la posibilidad de tipos anómalos de caída. Las conferencias de febrero y octubre de 1949 no ofrecieron ninguna explicación lógica, pero concluyeron que el fenómeno existía y que su repetición cerca de instalaciones sensibles era motivo de preocupación. En febrero de 1950 La Paz escribió a la Fuerza Aérea que la evidencia probaba «de forma concluyente» que la mayoría de las bolas eran caídas de meteoritos «de magnitud, frecuencia y otras características inusuales, pero desde luego no imposibles», y la minoría, misiles guiados estadounidenses en pruebas; en mayo de 1950 lo repitió como su explicación más probable, aunque en el mismo informe planteó que la concentración horaria era compatible con misiles lanzados desde los Urales. En agosto de 1951 había cambiado de opinión: su origen reciente (1947) y sus trayectorias peculiares impedían, según él, clasificarlas como fenómenos naturales; podían ser de origen militar estadounidense y, si no lo eran, eran «motivo de seria preocupación».
En respuesta, la USAF estableció el Project Twinkle (aprobado a finales de 1949 y con vigilancia contratada entre abril de 1950 y marzo de 1951), que contrató a la empresa Land-Air para vigilar con cinetheodolitos Askania, primero desde Vaughn y luego desde Holloman, cerca de White Sands, y fotografiar y triangular los fenómenos. Los resultados fueron pobres: dificultades de cobertura, falta de personal continuo y ninguna captura útil; a finales de agosto de 1950 se vieron fenómenos sobre Holloman durante el lanzamiento de un misil de Bell y tras el de un V-2, pero sin una triangulación válida. En agosto de 1951 el oficial a cargo en Holloman informó de muy pocos reportes desde septiembre de 1950, y un ayudante suyo, astrónomo aficionado, comentó que Clyde Tombaugh nunca había observado un objeto aéreo inexplicable y que las cámaras Schmidt de Whipple nunca habían detectado ninguno. El informe final, de noviembre de 1951, atribuyó «sin duda» muchas observaciones a objetos humanos corrientes, sobre todo globos, y a fenómenos naturales como aves, planetas y meteoros; anotó que Fred Whipple, de Harvard, no encontró nada inusual en las fotografías de meteoros de 35 de las noches con reportes; recogió que Whipple veía una correlación de los avistamientos con la luz de la luna y proponía que algunos fueran nubes pequeñas iluminadas por ella; conjeturó que la Tierra podía estar atravesando «una región del espacio de alta población meteórica»; afirmó en su resumen que no había «ningún indicio» de que las bolas verdes fueran otra cosa que fenómenos naturales; declaró que el año de vigilancia no permitía una opinión concluyente; y recomendó no gastar más dinero en el asunto. El mismo expediente recoge, en septiembre de 1950, la «considerable duda» de parte del personal del proyecto de que fuera un fenómeno natural y la observación de que las bolas habían cesado de golpe en cuanto se montó una vigilancia sistemática; y, en febrero de 1952, que la secretaría del Consejo Científico Asesor desaconsejó desclasificar el informe, entre otras razones porque no revelaba una explicación científica de ninguna de las bolas y porque algunos científicos de prestigio seguían creyendo que eran artificiales. El programa se cerró sin resolver el enigma, un desenlace que los escépticos leen como confirmación de causa natural y los partidarios como fracaso instrumental por falta de medios.
La explicación mundana más sólida es que una parte de los avistamientos fueron meteoros verdes genuinos: en la conferencia de 1949 Bradbury recordó que el verde «no es un color desconocido en los meteoros», aunque La Paz sostuvo que el de estas bolas no lo era; y Nuevo México tiene cielos despejados y población técnica entrenada para mirar el cielo, lo que eleva la tasa de reporte. El propio La Paz reconoció en 1950 que meteoros ordinarios se habían confundido con bolas verdes, porque los reportes tenían un máximo secundario hacia las dos de la madrugada, la hora típica de los meteoros; y la compilación de la OSI de mayo de 1950 clasificaba cada avistamiento en tres categorías, una de ellas «probablemente meteórico». Su objeción (la de un experto en meteoros que en 1948-1949, y de nuevo en 1951, negó que las bolas verdes fueran meteoros convencionales, aunque en 1950 atribuyó la mayoría a meteoritos inusuales) es el contrapeso que impide cerrar el caso como simple lluvia de bólidos. En 2026, el Departamento de Guerra publicó la correspondencia de Sandia sobre el asunto en la segunda entrega de PURSUE; publicar el expediente confirma su autenticidad documental, no la naturaleza del fenómeno.
Por qué importa
Las bolas de fuego verdes fueron una ola sostenida de avistamientos sobre infraestructura nuclear estadounidense, e importan por dos razones. Primero, por el andamiaje institucional: son reportes generados por personal con habilitación de seguridad, escalados a inteligencia militar y al AFSWP, investigados por un especialista en meteoritos (La Paz) y por un proyecto instrumental dedicado (Twinkle). Segundo, por el patrón geográfico: la concentración sobre el corredor Albuquerque-Los Alamos, y no sobre cielos comparables sin instalaciones nucleares, es el origen del patrón nuclear-UAP que reaparece en Malmstrom 1967, Minot 1968, Rendlesham 1980 y casos posteriores.
La explicación mundana cubre buena parte del fenómeno. Los meteoros verdes existen y son frecuentes; Nuevo México combina cielos despejados con una población técnica hipervigilante por el contexto de Guerra Fría, lo que infla la tasa de reporte; y Project Twinkle, pese a estar diseñado para capturar evidencia dura, cerró sin pruebas instrumentales, atribuyendo muchas observaciones a globos, aviones y fenómenos naturales y sin opinión concluyente sobre el resto. En 1949 el cuartel general de la Fuerza Aérea comunicó que Joseph Kaplan, del Consejo Científico Asesor, había concluido que las bolas verdes eran fenómenos naturales, y la dirección de investigación geofísica de Cambridge juzgó que el fenómeno parecía «de naturaleza atmosférica». La compilación de la OSI mezcla, casi con certeza, bólidos genuinos con un subconjunto difícil: el propio La Paz solo aceptó 72 incidentes y reconoció que meteoros ordinarios se habían tomado por bolas verdes.
Contra el descarte total está la voz del experto que más debería haberlo desestimado: La Paz, especialista en meteoros, examinó las trayectorias horizontales, la ausencia de fragmentos y el color anómalo y sostuvo en 1948-1949, y otra vez en 1951, que no eran meteoros convencionales. Su postura no fue constante (en 1950 atribuyó la mayoría a caídas de meteoritos inusuales y la minoría a misiles estadounidenses) y no probó qué eran: el expediente no confirma ninguna de sus hipótesis de misiles, y Kaplan le escribió que no conocía ningún experimento estadounidense que las produjera. Pero su disenso técnico, sumado a la sensibilidad nuclear del emplazamiento, debilita la explicación puramente natural sin afirmar tecnología anómala. El propio expediente guarda además otra lectura prosaica que La Paz no compartía: la de Teller, para quien no eran objetos materiales sino un fenómeno óptico o eléctrico.
Lo que queda en papel
Evidencia documentada
- Resumen de observaciones de la 17.ª oficina de distrito de la OSI (Kirtland), 25 mayo 1950: unos 150 incidentes entre diciembre de 1948 y mayo de 1950 (DOW-UAP-D017)
- Informes de La Paz a la OSI (20 dic 1948 y 23 mayo 1950): diez diferencias con los meteoros típicos; 72 bolas de fuego verdes aceptadas, menos del 5% de los reportes sin filtrar; su carta del 20 feb 1950 atribuye la mayoría a caídas de meteoritos inusuales y la minoría a misiles estadounidenses
- Acta de la conferencia de Los Álamos del 16 feb 1949 (comandante Mandelkorn, Sandia): Teller concluye provisionalmente que no eran objetos materiales
- Project Twinkle, informe final (noviembre 1951): muchas observaciones atribuibles a globos y fenómenos naturales, conjetura de una región del espacio de alta población meteórica, sin opinión concluyente y con la recomendación de no gastar más
- Publicación en PURSUE Release 02 (Departamento de Guerra, 2026) de la correspondencia general de Sandia
- Actas de la «Conference on Aerial Phenomena» de Los Álamos (sala P-162, 16 feb 1949): reúne a La Paz, Edward Teller, Norris Bradbury, Frederick Reines, el 4.º Ejército, el FBI y la USAEC/Sandia; Bradbury cierra sin dar por descartados los meteoros, aunque le desconciertan la trayectoria horizontal y la ausencia de ruido (AARO DOEUAPD004)
Fuentes
- Project Twinkle Final Report (1951) — Documento primario: informe final de noviembre de 1951 del Geophysics Research Division, con el resumen de reportes de la OSI y la conversación con La Paz de agosto de 1951.
- war.gov/UFO — DOW-UAP-D017, correspondencia general de Sandia (PURSUE Release 02, 2026) — Documento primario embebido en el visor de este caso: resumen de la OSI, informes de La Paz y acta de la conferencia del 16 de febrero de 1949.
- La Paz, L. — «Anomalous Luminous Phenomena (Seventh Report)», 23 may 1950 (en DOW-UAP-D017) — Documento primario: informe de La Paz a la OSI
- USAEC / Los Alamos — actas de la «Conference on Aerial Phenomena» (16 feb 1949, sala P-162) — Documento primario: acta literal con los asistentes (La Paz, Teller, Bradbury, Reines, 4.º Ejército, FBI). Desclasificado en 2026 en el UAP Records de la AARO, release 04, código DOEUAPD004; el PDF se conserva en el archivo de un registro de OSF espejado en archive.org.
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