Caso Nº 410·España

1974·Cielo entre Tenerife y Gran Canaria, islas Canarias

España.Canarias · el Fokker IB-098 y los ecos del radar de Gando (1974)

La noche del 24 de noviembre de 1974, los dos pilotos de un Fokker F-27 de Iberia, el vuelo IB-098 de Tenerife a Las Palmas, vieron una luz blanca muy potente que se les acercó de frente y se quedó más de un minuto a la altura de su punta de ala. Un teniente coronel del Ejército del Aire vio una luz parecida desde la autopista del norte de Gran Canaria. El radar del Escuadrón de Alerta y Control n.º 8 no la captó, pero minutos después siguió un eco que cruzó 35 millas en cuatro minutos hacia la propia estación, y luego otro que pareció detenerse junto a un avión de Iberia que aterrizaba en Tenerife. El juez instructor concluyó en 1975 que los tres episodios eran no identificados y propuso crear un centro oficial de estudio. La revisión de 1994 fue más prudente: no halló pruebas de un objeto físico y señaló posibles ecos anómalos.

País

España

Año

1974

Tier

A

Probabilidad

50%

Categoría

Incidente

Evidencia institucional: múltiples testigos verificables o documentación oficial. Tres ejes independientes: el «tier» mide la fuerza de la evidencia; la «probabilidad» estima cuán genuinamente inexplicado está el caso —un fenómeno natural puede seguir sin explicación, así que no equivale a «no-prosaico»—; y la partición de explicaciones (abajo) dice qué fue más plausiblemente. Por eso un caso bien documentado puede tener como causa más plausible un posible fraude, y un Tier B no es, por eso, un fraude.

Documentos primarios · visor

Cargando visor…

Expediente 741124 del Ejército del Aire (extracto, 15 págs.): revisión del MOA de 1994, informe del escuadrón de radar, informe y propuesta del juez instructor y mapa

Fuente: Biblioteca Central del Ejército del Aire y del Espacio / Biblioteca Virtual de Defensa · CC BY 4.0 · abrir original

Parte 01

La noche en cuestión

A las 19:45 del 24 de noviembre de 1974 despegó de Tenerife hacia Las Palmas un Fokker F-27 de Iberia, el vuelo IB-098. El comandante sumaba unas 9.000 horas de vuelo, 2.500 de ellas en aviones de reacción, y era capitán de complemento del Ejército del Aire; el copiloto tenía unas 5.000. La noche era fría y clara, con una capa de estratos debajo. Establecidos a 7.000 pies y a unas 35 millas náuticas del radiofaro de Las Palmas, vieron un poco más alta que ellos y ligeramente a la izquierda de su morro una luz blanca muy intensa que se les acercaba en sentido contrario. Pidieron a Control Canarias que confirmara el tráfico. Control respondió que no tenía ninguno. Los pilotos siguieron viendo la luz, ahora situada a sus tres en punto, a unas diez o quince millas, durante más de un minuto; la describieron como tres veces más brillante que Venus, recortada sobre las nubes. Cuando viraron hacia ella para identificarla, desapareció hacia Tenerife.

Hacia las 19:50, según su propio parte, un teniente coronel del Ejército del Aire que conducía con su familia por la autopista del norte de Gran Canaria, en dirección a Arucas, vio con su hija un punto luminoso blanquecino que dejaba una estela corta y cruzaba de sureste a noroeste, a baja altura y a una velocidad que le pareció muy elevada, hasta perderse hacia Tenerife en pocos segundos. Más tarde, la revisión de 1994 advertiría que el juez había corrido media hora la hora de esta declaración, que en el original era hacia las 19:30.

Control Canarias llamó entonces al Escuadrón de Alerta y Control n.º 8, con jefatura en Gando, que vigilaba la zona y no veía nada extraño en pantalla. Enlazaron por radio con el IB-098, cuyo piloto repitió lo que veía. Poco después, el radar detectó un eco a 35 millas, en el radial 023, que se dirigía en línea recta hacia la zona técnica del escuadrón. Recorrió esas 35 millas en unos cuatro minutos, unos 525 nudos, y al llegar a la vertical de las antenas, a las 20:24, desapareció de la pantalla. El oficial de servicio avisó a la zona técnica. El capitán dijo ver una estrella; un suboficial, una estrella luminosa con destellos; el soldado de guardia, una luz extraña que no le parecía una estrella y que maniobraba despacio en círculos sobre el asentamiento.

A las 20:30, el radar seguía a un avión de Iberia, el IB-281 de Madrid a Tenerife, cuando apareció otra traza sin identificar con rumbo sur. Viró hacia el 336, se quedó inmóvil cerca de la trayectoria del avión comercial, esperó a que este tomara tierra en Tenerife y desapareció. Control Canarias aseguró que no tenía más tráfico, ni de aviones de reacción, ni convencionales, ni helicópteros. Más tarde, el piloto del IB-098, que volaba entonces como IB-273 hacia Arrecife, llamó por radio para preguntar si habían identificado el objeto.

El general jefe de la Zona Aérea de Canarias remitió el 30 de noviembre el informe del jefe del escuadrón al Ministerio del Aire, que nombró un juez instructor. Este reunió la relación del tráfico civil, las hojas de vuelo de Helicsa, única compañía autorizada a volar de noche en el archipiélago, el parte meteorológico y ocho declaraciones. Su informe de enero de 1975 separó tres observaciones y descartó para cada una el tráfico, los globos sonda, los cohetes, las estrellas, los reflejos, los meteoros y las toberas de reactor. Concluyó que se trataba de un objeto con masa suficiente para dar eco de radar, probablemente metálico, de naturaleza desconocida, y lo clasificó como OVNI. Añadió una propuesta: crear en el ministerio un Centro de Estudios de Fenómenos Aéreos, con ingenieros, astrónomos, meteorólogos, psiquiatras, físicos, pilotos y radaristas.

Parte 02

Por qué este caso movió la aguja

El expediente 741124 es uno de los mejores ejemplos de cómo cambió la mirada del propio Ejército del Aire sobre sus casos. En 1975, el juez instructor escribió un informe entusiasta: los testigos eran profesionales, el radar no podía confundirse, el sargento radarista tenía el máximo nivel de formación, y todo lo que no fuera un objeto desconocido quedaba descartado. Casi veinte años después, al desclasificar el expediente en 1994, el oficial de inteligencia del Mando Operativo Aéreo leyó los mismos papeles con otros ojos. Señaló que las observaciones no encajaban entre sí; que el juez había cambiado una hora hasta hacer coincidir dos episodios; que los pilotos del Fokker vieron una luz, no un objeto, y que esa luz nunca dio eco de radar; y que las tres personas de la zona técnica, mirando al mismo cielo, describieron tres cosas distintas, una de ellas una estrella. Sobre los ecos, recordó que esa noche había una ligera inversión térmica y que un eco de segunda vuelta, un reflejo lejano que el radar sitúa por error cerca, era una posibilidad que nadie comprobó.

Esa diferencia de lectura es lo que hace valioso el caso. La luz de los pilotos, brillante, blanca, a la altura de la punta de ala y siempre en la misma posición, tiene el perfil de muchas confusiones con planetas o estrellas brillantes vistos desde un avión que vira; el juez lo descartó alegando que un piloto no puede confundir una estrella, pero la bibliografía aeronáutica documenta exactamente eso muchas veces. El eco que viaja a 525 nudos hacia la antena y se desvanece al llegar a su vertical es, a la vez, lo más llamativo y lo más sospechoso, porque el cono ciego sobre la propia antena es donde cualquier eco desaparece. Y el tercer eco, que espera a que aterrice un avión, depende de una sola traza sin confirmación visual.

Nada de eso convierte el caso en resuelto. La revisión de 1994 no identifica el estímulo: se limita a decir que no hay elementos para asegurar que hubiera un objeto físico y que tampoco se puede establecer la causa, y deja la puerta abierta a científicos e investigadores. Por eso entra como Tier A: hay tripulación profesional, testigo militar en tierra, radar militar y un expediente oficial completo, pero la independencia entre esos elementos es menor de lo que parecía en 1975. Queda repartido entre una explicación prosaica mixta, una estrella o un planeta más ecos anómalos, y una indeterminación real.

El expediente guarda además un dato institucional poco conocido: la propuesta del juez de crear un Centro de Estudios de Fenómenos Aéreos con delegaciones en cada zona aérea, la misma idea que Francia puso en marcha dos años después con el GEPAN y que España nunca llegó a adoptar.

Parte 03

Lo que queda en papel

Evidencia documentada

  1. Informe del coronel jefe del Escuadrón de Alerta y Control n.º 8 (Gando, 25 nov 1974): contacto por radio con el IB-098, eco a 500 nudos hacia la zona técnica y traza inmóvil junto al IB-281
  2. Declaraciones de los dos pilotos del Fokker F-27: luz blanca tres veces más brillante que Venus, a sus tres en punto durante más de un minuto, sin eco de radar
  3. Declaración de un teniente coronel del Ejército del Aire desde la autopista del norte de Gran Canaria: punto luminoso con estela corta, de sureste a noroeste
  4. Relación del tráfico civil y hojas de vuelo de Helicsa: ningún avión ni helicóptero identificado con las trazas
  5. Parte meteorológico: ligera inversión térmica esa noche
  6. Informe del juez instructor (25 ene 1975): tres observaciones no identificadas y propuesta de un Centro de Estudios de Fenómenos Aéreos
  7. Revisión del oficial de inteligencia del MOA (31 ene 1994): sin elementos para afirmar un objeto físico; posibles ecos de segunda vuelta; desclasificado

Fuentes

  1. Ministerio de Defensa (España), Biblioteca Virtual de Defensa — expediente 741124, «Avistamiento de fenómenos extraños en Canarias: 24 de noviembre 1974», 82 págs. — Fuente primaria completa: informe del escuadrón de radar, declaraciones, tráfico, meteorología, informe del juez con sus anexos y mapas, y la revisión de 1994. Licencia CC BY 4.0.

Patrones que exhibe (1)

Ubicación

Cielo entre Tenerife y Gran Canaria, islas Canarias · 28.05°, -15.75°

Distribución de explicaciones

Este caso se clasifica entre las hipótesis del modelo: la barra reparte el 100% según cuánto pesa cada explicación (la incertidumbre se reparte entre las hipótesis que el caso apoya). Sumadas en todo el corpus producen la partición comparable. Es una pregunta distinta de la Probabilidad de arriba: aquella estima qué tan probable es que el caso sea un fenómeno genuinamente no explicado; esta reparte cuál sería la explicación.

Misidentificación56%
No-humano sin gestión estatal21%
Tecnología humana clasificada11%
No-humano + encubrimiento estatal7%
Tecnología adversaria5%

Hipótesis modal: Misidentificación 56% · suma 100%

Se confundió con: Astronómico

Juicio analítico estructurado, no frecuencia calibrada. Clasificación forzada: la masa que la evidencia no permite asignar se reparte entre las hipótesis que el caso sí apoya.

Casos relacionados