1989·Escuadrón de Vigilancia Aérea n.º 10, monte Iroite (Noia, A Coruña)
España.Noia · el eco inmóvil del radar del Iroite
La tarde del 5 de diciembre de 1989, mientras la Guardia Civil comunicaba a la torre de Santiago una luz lenticular «entre Castro y Sada», el radar del Escuadrón de Vigilancia Aérea n.º 10, en el monte Iroite, sobre Noia, captó un eco primario y secundario a 57.000 pies que subió hasta los 75.000 y siguió casi inmóvil en la pantalla de altura hasta la mañana siguiente. Ningún avión civil vio nada. El eco no coincidía en posición con la luz; Ballester Olmos y Manuel Borraz atribuyen la luz a Venus y el eco a una propagación anómala del radar.
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Evidencia institucional: varios testigos independientes identificados, o documentación oficial de la época, sin un registro instrumental que los corrobore.
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Ballester la presenta como «meramente un escenario teórico, pero uno que parece ajustarse a la compleja secuencia de las trazas de radar y fenomenología asociada». Objeción: el parte registra que el eco tenía respuesta secundaria, la de un transpondedor.Documentos primarios
Expediente 891205 del Ejército del Aire (extracto, 4 págs.): resumen e índice del MOA, oficio de remisión del jefe del EVA 10 y parte del brigada de servicio
Fuente: Biblioteca Central del Ejército del Aire y del Espacio / Biblioteca Virtual de Defensa · CC BY 4.0 · abrir original
La noche en cuestión
A las 18:48 UTC del 5 de diciembre de 1989 (las 19:48 en hora peninsular), el oficial de vigilancia aérea y contramedidas del Escuadrón de Vigilancia Aérea n.º 10, el EVA 10, cuyo radar ocupa la cima del monte Iroite, en la sierra del Barbanza, sobre Noia, comunicó la presencia de un ovni «en zona entre Santiago de Compostela y La Coruña». Dos minutos después, la sala de operaciones habló por teléfono con el controlador de servicio de la torre de Santiago, que transmitió lo que le había llegado de la Guardia Civil: el puesto de Castro había comunicado «la presencia de un posible O.V.N.I. en una zona entre Castro y Sada», de «forma lenticular», que «navega a poca velocidad y tiene gran aparatosidad de luces con tonos brillantes y cambio de luces». El parte no da el nombre de ningún testigo ni dice cuántos eran.
A las 19:00 UTC, «una vez examinada detenidamente la zona», los operadores vieron en dos pantallas, la RAPPI y la UPA-35, un «blitz», un eco, «en primario y secundario», en la posición 060/32 NM, es decir, a unos 59 kilómetros al estenordeste de la estación, con una altura de 57.000 pies en la RHI, la pantalla del radar de altura. Lo midieron sin interrupción: la altura varió hasta los 75.000 pies, unos 23 kilómetros, con «pocas variaciones posicionales con respecto a la primera detección». La torre de Santiago coordinó a través de Nécora, el indicativo del escuadrón, la «indicación de aeronaves civiles próximas al O.V.N.I. para confirmación visual», «sin que se obtuvieran resultados positivos». A las 20:00 UTC, según la torre, se le dispararon las alarmas de las frecuencias de emergencia, 121,5 y 243,0, con «interferencias y embrollo radio» entre Santiago, el centro de control de Madrid y Nécora. A las 20:40 UTC un radiogoniómetro situó el origen de esa alarma entre los 160 y los 167 grados desde Santiago, al sur-sudeste, y en ese momento la UPA-35 mostró «varios objetos», tres de ellos a los niveles de vuelo 290, 320 y 420. A las 20:45 UTC se cambió la frecuencia de repetición de impulsos del canal de servicio y se solicitó también cambiar el propio canal, «sin que se observe variación alguna en la presentación radar». A las 21:02 UTC terminaron el seguimiento y el enlace con la torre. La última frase del parte dice que el eco «se mantuvo en la RHI hasta las 08'30z del día 06 de los corrientes sin que se observara ningún tipo de variaciones»: más de trece horas en el mismo sitio.
Ese parte, una sola página firmada por el brigada que estaba de servicio en la sala como operador antiperturbación, se quedó en el escuadrón. No salió del escuadrón hasta el 23 de octubre de 1992, cuando el teniente coronel jefe del EVA 10 remitió al Mando Operativo Aéreo, que la registró de entrada el 30 de octubre, una fotocopia «solicitada en conversación telefónica» por un teniente coronel de la Sección de Inteligencia del mando. Según el investigador Vicente-Juan Ballester Olmos, esa llamada la hizo el teniente coronel Ángel Bastida después de que él avisara en 1992 de que el suceso no constaba en los archivos oficiales. El oficial de inteligencia del mando propuso desclasificarlo en septiembre de 1996, porque no apreciaba «aspectos que hagan aconsejable mantener la condición de "materia clasificada"», y el expediente entró en la Biblioteca Central del Ejército del Aire el 15 de octubre de 1996. El resumen del mando tiene dos errores de copia: escribe «Sade» por Sada y da 1987 como año del informe del brigada, que es de 1989. Ni el parte ni el resumen proponen una explicación.
Ballester Olmos reconstruyó en 2005 el lado civil; para una parte cita las notas del controlador de la torre de Labacolla, que no redactó un informe formal. Según ese relato, un vecino llamó al cuartel de la Guardia Civil de Sada porque veía una luz blanca extraña cerca del horizonte sur-suroeste; algunos guardias la vieron también; la Guardia Civil avisó al aeropuerto a las 18:43 UTC y, catorce minutos después, a las 18:57, de que la luz había perdido mucha intensidad; desapareció tras unos quince minutos de observación, como oculta por los árboles del horizonte. El radar no detectó el eco hasta las 19:00 UTC. El mismo relato añade que el centro de control de Madrid no veía al principio objetos no identificados en su pantalla, que después tanto el radar civil como el militar mostraron ecos anómalos, con «un inusual y repetido cambio de posición y altura» entre 6.000 y 23.000 metros, a diferencia del parte militar, que habla de «pocas variaciones posicionales», y que el servicio de búsqueda y salvamento situó «según el satélite» la baliza de socorro que había hecho saltar las alarmas a unos 22 kilómetros al nordeste de Labacolla, en una dirección que, según Ballester, se correspondía con la del eco. Esa posición no casa con la del radiogoniómetro del parte, que ponía el origen de la alarma al sur-sudeste de Santiago.
Por qué importa
El caso vale por el instrumento y no por la luz. Un escuadrón de vigilancia aérea dejó por escrito, minuto a minuto, un eco con respuesta primaria y secundaria a más de 17 kilómetros de altura, medido por el radar de altura, buscado con aviones civiles, sometido a un cambio de frecuencia de repetición y de canal, y presente en la pantalla durante más de trece horas. Pero el registro no coincide con lo que vieron los testigos. Llevando al mapa el rumbo y la distancia del parte desde el monte Iroite, el eco quedaba a unos 15 kilómetros al nordeste del aeropuerto de Santiago y a unos 40 kilómetros al sur de Sada, a una altura que, vista desde Sada, lo habría puesto a unos 20 a 30 grados sobre el horizonte; el objeto de la Guardia Civil estaba, según el parte, «entre Castro y Sada» y, según el relato del controlador que recoge Ballester, cerca del horizonte sur-suroeste. Ningún avión civil lo vio, y los testigos de tierra llegan de segunda mano, sin nombre. Hay un radar con sus operadores y documentación oficial de primera mano, pero el eco no coincide con la observación visual.
Para la luz, Ballester Olmos y el analista Manuel Borraz proponen Venus: aquella tarde el planeta estaba bajo sobre el horizonte suroeste y se puso hacia las 20:58 hora local. Un cálculo de efemérides lo confirma: desde Sada, a las 18:48 UTC, Venus estaba a unos 10 grados de altura, en azimut 224, con magnitud -4,5, el astro más brillante del cielo después de la Luna. El «cambio de luces» del parte encaja con el centelleo de un astro bajo; el objeto que «navega a poca velocidad» encaja peor, aunque la descripción llega a través de dos intermediarios. Para el eco, Borraz propone una propagación anómala de las ondas de radio por las condiciones atmosféricas, que explicaría a la vez las interferencias y las alarmas en las frecuencias de emergencia; Ballester lo presenta como «meramente un escenario teórico, pero uno que parece ajustarse a la compleja secuencia de las trazas de radar y fenomenología asociada». En su contra pesa un dato del propio parte: el eco tenía respuesta secundaria, la que da un transpondedor al ser interrogado. Que no cambiara con la nueva frecuencia de repetición descarta un eco de segunda vuelta, pero no un eco por conducto atmosférico, que no depende de ese ajuste. A su favor, un eco que apenas se desplaza en más de trece horas se parece más a un artefacto que a algo que vuela, y el parte documenta que esa noche hubo interferencias de radio en la zona.
Un eco casi inmóvil entre 57.000 y 75.000 pies está a la altura de vuelo de un globo estratosférico, pero ninguna de las fuentes consultadas lo propone, y el catálogo de vuelos de Stratocat no recoge ningún lanzamiento científico en Europa entre el 12 de octubre de 1989, cuando salió uno de Aire-sur-l'Adour, y el final de ese año. Un globo a la deriva, además, difícilmente se mantiene trece horas en el mismo punto. Los tres objetos de la UPA-35, a los niveles de vuelo 290, 320 y 420, están en las alturas de crucero de la aviación comercial; el parte no los identifica.
El expediente sirve también como ejemplo de cómo se recuperaron muchos casos españoles: el parte pasó casi tres años archivado en el escuadrón y llegó al mando solo porque un investigador civil preguntó por él. Leído entero, conserva tanto el detalle técnico que hace interesante el eco como los datos que lo debilitan.
Lo que queda en papel
Evidencia documentada
- Parte del brigada operador antiperturbación del EVA 10: aviso a las 18:48 UTC del 5 de diciembre de 1989 de un ovni entre Santiago y La Coruña
- La torre de Santiago transmite el aviso de la Guardia Civil de Castro: un objeto de «forma lenticular» con «gran aparatosidad de luces» entre Castro y Sada; ningún testigo identificado
- Eco «en primario y secundario» a 060/32 NM del Iroite, a 57.000 pies y hasta 75.000, con «pocas variaciones posicionales», visible en la pantalla de altura hasta las 08:30 UTC del día 6
- La torre busca la confirmación visual de aviones civiles próximos «sin que se obtuvieran resultados positivos»
- Alarmas en 121,5 y 243,0 a las 20:00 UTC; el radiogoniómetro sitúa su origen a 160-167 grados de Santiago; tres objetos a los niveles de vuelo 290, 320 y 420
Ver 2 evidencias más
- El cambio de frecuencia de repetición y de canal a las 20:45 UTC no altera la presentación radar
- El eco queda a unos 40 km al sur de Sada; Ballester Olmos y Borraz atribuyen la luz a Venus, bajo en el suroeste, y el eco a una propagación anómala, que Ballester llama «meramente un escenario teórico», pero que «parece ajustarse» a la secuencia de trazas
Fuentes
- Ministerio de Defensa (España), Biblioteca Virtual de Defensa: expediente 891205, «Avistamiento de fenómenos extraños en EVA-10, Noya (La Coruña): 05 de diciembre de 1989», 5 págs. — Fuente primaria completa: resumen e índice del Mando Operativo Aéreo, oficio de remisión del jefe del EVA 10 (1992) y parte del brigada de servicio. Licencia CC BY 4.0.
- Vicente-Juan Ballester Olmos, «¡Desclasificación! Archivos ovni militares al descubierto: el caso español» (2005), págs. 10-12, «Expediente 891205: embrollo radar en NÉCORA» — Análisis secundario: cómo se recuperó el parte, el relato del controlador civil, la hipótesis de Venus para la luz y la de propagación anómala de Manuel Borraz para el eco.
- Stratocat, «Stratospheric balloons launched in 1989» — Catálogo de lanzamientos de globos estratosféricos de 1989: el último europeo del año sale de Aire-sur-l'Adour el 12 de octubre.
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