1980·Academia General Militar (Zaragoza)

España.Zaragoza · la luz de la Academia General Militar

La noche del 29 de marzo de 1980, el coronel jefe de estudios de la Academia General Militar de Zaragoza y su familia vieron durante media hora una luz dorada e inmóvil que, con prismáticos, parecía un «exprimelimones», y que desapareció de golpe hacia el oeste-noroeste. El radar de aproximación de la base aérea registró a la misma hora un eco pequeño y lento sin transpondedor. Un juez informador tomó declaraciones y el teniente general de la 3.ª Región Aérea concluyó que la luz sería un cuerpo sideral y el eco una avioneta; Venus brillaba en esa dirección.

Tier A · Aceptable¿Qué significan? →

Evidencia institucional: varios testigos independientes identificados, o documentación oficial de la época, sin un registro instrumental que los corrobore.

Qué fue

77%causa natural o humana

Explicación más probable: planeta o estrella

Causa natural o humanaSin causa conocida
Ver el reparto entre las seis explicaciones

Causa natural o humana

Objeto astronómico · Planeta o estrella72%
Tecnología humana clasificada4%
Tecnología adversaria1%

Sin causa conocida

Indeterminado16%
No humano, sin control de ningún Estado5%
No humano, ocultado por un Estado2%
Por qué: «No existen pruebas fehacientes para admitir la presencia de OVNI,s, pudiendo tratarse en el caso de la observación del primer testigo de un cuerpo sideral de gran luminosidad» (teniente general de la 3.ª Región Aérea, 17 jul 1980). La clase cubre la luz, no los ecos de radar. Venus (−4,2) estaba a 17° a 12° de altura por el oeste-noroeste, donde el testigo dijo que desapareció; se le opone la elevación que dio el coronel, de 60° a 30°. Júpiter estaba a unos 60°, pero al sur-sureste. (Expediente 800329/31 del Ejército del Aire, documentos 0008 y 0029 (Biblioteca Virtual de Defensa) ↗)

Documentos primarios

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Expediente 800329/31 del Ejército del Aire (extracto, 16 págs.): resumen del MOA, índice, informe del capitán de día, oficio del Mando Aéreo de Transporte, tráfico, meteorología, declaraciones de los dos testigos, informe del juez e interpretación del teniente general

Fuente: Biblioteca Central del Ejército del Aire y del Espacio / Biblioteca Virtual de Defensa · CC BY 4.0 · abrir original

La noche en cuestión

Hacia las diez de la noche del 29 de marzo de 1980, el coronel jefe de estudios de la Academia General Militar, en las afueras de Zaragoza, llamó por teléfono al jefe del Estado Mayor del Mando Aéreo de Transporte. Según el oficio que ese mando envió al Estado Mayor del Aire el 2 de abril, le notificaba que llevaba «unos 20 minutos» viendo «con prismáticos y a simple vista un objeto brillante, inmóvil y con un brillo a su alrededor». En la declaración que firmó después ante el juez informador, el coronel, con 38 años de servicio y gafas graduadas, situó la observación entre las 21:45 y las 22:15, desde una ventana de la Academia, y la describió así: «observado con prismáticos parecía tener la forma de un exprimelimones, muy brillante a causa de la luz intensa que despedía, de color dorado». Su tamaño era «el de una estrella grande», sin estela ni ruido. Lo vio a unos 60° de elevación al aparecer y a 30° al desaparecer; «permaneció inmóvil unos 30 minutos y desapareció de Oeste a Noroeste». Añadió que lo vieron «más de ocho personas de la familia», que «los comentarios de ellos y de vecinos coinciden en que llevaba varios días apareciendo» y que «daba la impresión de una estrella muy cercana, cuya impresión se desvaneció al desaparecer bruscamente».

El jefe del Estado Mayor pasó el aviso al capitán de día de la base aérea de Zaragoza para que pidiera a la torre y al radar de aproximación de precisión (GCA) cualquier eco a la altura de la Academia. Según el informe del capitán, hacia las 22:10 el GCA respondió que tenía dos ecos en los radiales 090, a 7 millas, y 095, a 10 millas, que se movían «de E. a W. muy lentamente sin transpondedor y sin precisar altura, estimando fuese baja»; se vieron durante tres minutos, desaparecieron del todo diez minutos después y no se vieron desde la torre. Hacia las 23:15 aparecieron otros: uno entre los radiales 050 y 060, de 3 a 6 millas, que describía circuitos en forma circular, y otro en el radial 220 que se alejaba y se acercaba entre las 10 y las 12 millas. Después hubo una interferencia dentro del círculo de 7 millas que, según mantenimiento, «no era del radar, por lo que debió ser exterior». Una nota manuscrita al pie del mismo informe añade que la Academia volvió a ver al día siguiente «las mismas luces brillantes», sobre el mismo lugar y durante un tiempo parecido, y que descartaba helicópteros militares porque en el campo de maniobras de San Gregorio, junto a la Academia, no había ninguno destacado. El oficio del 2 de abril recoge además que el coronel gobernador de San Gregorio decía que los habitantes de los pueblos de alrededor estaban alarmados y consideraban el lugar «Zona de OVNIS».

El 16 de abril, el jefe del Estado Mayor del Aire ordenó seguir la Orden Circular 9.266-CT de 1968, y el 22 de abril el Mando Aéreo de Transporte pidió al Ala 31 que nombrara un juez informador, que fue un capitán del Ejército del Aire. El juez tomó declaración por separado a los dos testigos, reunió la relación de tráfico del centro de control de Zaragoza para la noche del 29 de marzo (dos llegadas comerciales, de Madrid y de Barcelona, y una salida a Madrid) y pidió a la oficina meteorológica de la base los datos del 29, el 30 y el 31. El segundo testigo, el controlador del GCA, natural de Nueva Orleans y con cinco años y cinco meses de experiencia, declaró que a las 21:05 en hora universal, las 22:05 en Zaragoza, vio en pantalla un solo blanco primario «de un octavo de pulgada», «de la medida de un Cessna», que iba y venía lentamente entre las 8 y las 4 millas durante dos o tres minutos; no conocía su altura ni cómo desapareció. El juez anotó que ese eco único no coincidía con los dos ecos que el controlador había dado por teléfono. Su conclusión, del 3 de julio, fue que la declaración del coronel «no aporta pruebas claras que indiquen que no se trate de un cuerpo astral, de luminosidad grande», que el eco «bien pudiera tratarse por su velocidad y su tamaño de una aeronave de tipo ligero» que estaba fuera del control de aproximación y de torre, y que «tampoco podemos afirmar que este eco perteneciera al cuerpo luminoso avistado por el primer testigo».

El 17 de julio, el teniente general jefe del Mando Aéreo de Transporte y de la 3.ª Región Aérea firmó su interpretación personal: «no existen pruebas fehacientes para admitir la presencia de OVNI,s, pudiendo tratarse en el caso de la observación del primer testigo de un cuerpo sideral de gran luminosidad», y los ecos podrían ser «los de una aeronave ligera sin contacto con las agencias de tránsito aéreo». El expediente, clasificado como confidencial, se desclasificó en noviembre de 1995. El resumen que redactó entonces la Sección de Inteligencia del Mando Operativo Aéreo ya advertía «una ambigüedad de fechas que no queda aclarada en los documentos»: los dos testigos dicen el 29, el oficio del Mando Aéreo de Transporte y el informe del juez dicen el 30, y la interpretación del general habla de los días 30 y 31.

Por qué importa

La fecha buena es el 29 de marzo. La dan las dos declaraciones firmadas, la relación de tráfico que el juez pidió al centro de control y el propio informe del capitán de día, que lleva «29-III-80» en el encabezamiento y está firmado el 30, al terminar el servicio. El oficio del Mando Aéreo de Transporte del 2 de abril convirtió esa firma en «el pasado día 30», y el juez copió ese párrafo palabra por palabra en su descripción de los hechos; la nota manuscrita que habla del «día siguiente 31» se escribió sobre ese mismo error. Si la primera noche fue el 29, la repetición que comunicó la Academia corresponde al 30. La confusión no cambia nada de lo que se vio, pero importa para comprobarlo: las tres noches tenían el mismo cielo.

Ese cielo tenía un candidato evidente. Calculadas las efemérides para la Academia, Venus, en magnitud −4,2, cerca de su máxima elongación vespertina y diez veces más brillante que cualquier estrella, estaba entre 17° y 12° de altura por el oeste-noroeste (acimut 284° a 289°) de las 21:45 a las 22:15 hora local, justo en la dirección en que el coronel dijo que el objeto desapareció; se ponía hacia las 23:25. Era visible cada atardecer en el mismo sitio, lo que encaja con los vecinos que decían que «llevaba varios días apareciendo» y con la repetición de la noche siguiente a la misma hora. Un planeta brillante visto con prismáticos sostenidos a mano y gafas graduadas suele parecer un objeto con forma y destellos, y una «estrella muy cercana» es como lo describió el propio testigo. La objeción es la altura: el coronel dio 60° al verlo y 30° al desaparecer, el triple o el cuádruple de la de Venus. Júpiter, en magnitud −2,2, sí estaba a unos 60°, pero al sur-sureste y a menos de veinte grados de la Luna casi llena, no hacia el oeste. Las estimaciones de altura a ojo suelen exagerarse, pero la diferencia es grande y queda como la debilidad de la explicación astronómica. Tampoco el final brusco tiene una causa en el expediente: la oficina meteorológica de la base daba esa noche de 3/8 a 5/8 de nubes a 4.000 pies con viento del oeste-noroeste, mientras que el controlador anotó cielo cubierto de altoestratos a las 23:00; una nube que llegara del oeste taparía el planeta de golpe, pero el expediente no permite comprobarlo.

El radar no corrobora la luz. Los ecos coinciden en el tiempo con la observación, pero no en el lugar ni en el comportamiento: el radial 090 desde la base, a entre 4 y 8 millas, cae al sur y al suroeste de la Academia, a pocos kilómetros, donde un avión bajo se vería cerca del horizonte, no a 60° ni hacia el oeste-noroeste; el eco se movía y duró dos o tres minutos, mientras que la luz estuvo inmóvil media hora. El propio juez se negó a unirlos. Por eso el expediente reúne dos observaciones independientes que solo se tocan en el reloj.

El caso vale por lo que muestra del procedimiento militar español de la época: un coronel que llama al Estado Mayor mientras mira, un radar consultado en el acto, un juez que separa testigos, pide tráfico y meteorología, y anota incluso las contradicciones de su segundo testigo, y un general que cierra con una explicación concreta. Vicente-Juan Ballester Olmos, asesor del proceso de desclasificación, no lo incluyó entre los nueve casos que en 2016 consideraba sin resolver de los 122 de la colección.

Lo que queda en papel

Evidencia documentada

  1. Declaración del coronel jefe de estudios de la Academia General Militar ante el juez informador: luz dorada «de una estrella grande», inmóvil media hora entre las 21:45 y las 22:15, a unos 60° de elevación, que desapareció bruscamente «de Oeste a Noroeste»; con prismáticos, forma de «exprimelimones»
  2. Más de ocho familiares del coronel la vieron con él, y según sus comentarios y los de los vecinos «llevaba varios días apareciendo»; la Academia comunicó que volvió a verse a la noche siguiente en el mismo lugar
  3. El radar de aproximación (GCA) de la base aérea de Zaragoza registró a las 22:05 un eco primario pequeño, lento y sin transpondedor entre 4 y 8 millas al este de la base; el controlador habló de dos ecos por teléfono y de uno solo en su declaración
  4. El juez informador (3 jul 1980): la declaración del coronel no prueba que no fuera «un cuerpo astral, de luminosidad grande»; el eco pudo ser una avioneta fuera del control de aproximación, y no se puede afirmar que fuera el objeto luminoso
  5. Interpretación del teniente general jefe del Mando Aéreo de Transporte y de la 3.ª Región Aérea (17 jul 1980): «no existen pruebas fehacientes», la luz pudo ser «un cuerpo sideral de gran luminosidad» y los ecos los de una aeronave ligera
Ver 2 evidencias más
  1. Las efemérides sitúan a Venus (magnitud −4,2) a 17° a 12° de altura por el oeste-noroeste durante la observación; el coronel dio una altura de 60° a 30°
  2. Las fechas chocan dentro del expediente (29, 30 y 31 de marzo); las dos declaraciones, la relación de tráfico y el encabezamiento del informe del capitán de día fijan el 29

Fuentes

  1. Ministerio de Defensa (España), Biblioteca Virtual de Defensa: expediente 800329/31, «Avistamiento de fenómenos extraños en Zaragoza: 29, 30 y 31 de marzo de 1980», 32 págs. — Fuente primaria completa: resumen del MOA (1995), informe del capitán de día, oficios del Mando Aéreo de Transporte y del Estado Mayor del Aire, declaraciones de los dos testigos, tráfico, meteorología, informe del juez informador e interpretación del teniente general. Licencia CC BY 4.0.
  2. Terra Máxica, «Entrevista a Vicente-Juan Ballester Olmos sobre los documentos OVNI desclasificados del Ejército Español» (24 nov 2016) — Fuente secundaria: Ballester Olmos da explicación segura o probable a 99 de los 122 casos de la colección y lista los 9 que considera sin resolver; Zaragoza 1980 no está entre ellos.

Casos relacionados