1965·Edwards AFB, desierto de Mojave, California
Estados Unidos.Edwards AFB · las cintas de 1965
En la madrugada del 7 de octubre de 1965, el operador de la torre de Edwards AFB y otros tres militares vieron durante horas entre siete y doce luces del tamaño de estrellas que parpadeaban en rojo, verde y blanco, bajas por el este-noreste. Varios radares captaron ecos breves en la zona, y en un momento la torre y el radar casi coincidieron en tres objetos; un F-106 despegó a las 5:09 y no encontró nada.
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La tarjeta de Blue Book atribuye las luces a estrellas y planetas y los ecos a la atmósfera; el analista de radar atribuyó ambas cosas a variaciones atmosféricas. En esa parte del cielo estaban Júpiter, Capella, Cástor y Pólux.
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Evidencia institucional: varios testigos independientes identificados, o documentación oficial de la época, sin un registro instrumental que los corrobore.
Qué fue
71%causa natural o humana
Explicación más probable: planeta o estrella
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Causa natural o humana
Sin causa conocida
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Se le oponen, del mismo expediente, que los testigos llamaron no representativo lo que vio ese oficial y que el objeto más brillante no siguió a una sola estrella, aunque terminó donde estaban Bellatrix y Betelgeuse, como prevé el propio informe. El analista de la FTD propuso para las luces otra causa natural, las variaciones atmosféricas; el radar, otra capa, lo atribuyen la tarjeta y la FTD a la atmósfera.Documentos primarios
Project Blue Book · tarjeta, informe del Centro de Pruebas de Vuelo y evaluación del radar (extracto)
Once páginas del expediente de Blue Book sobre Edwards (NARA). La tarjeta concluye: visual, astronómico (estrellas y planetas) con «globo» a mano; radar, ecos por condiciones atmosféricas. El informe del Centro de Pruebas de Vuelo del 21 de diciembre de 1965 describe de 7 a 12 objetos con «la forma y el aspecto general de estrellas» que parpadeaban en rojo, verde y blanco, identifica uno como globo meteorológico y dice que en un momento torre y radar casi coincidieron en tres objetos. La evaluación de la División de Tecnología Extranjera, firmada por Vincent D. Bryant, atribuye las fotos de pantalla a variaciones radicales de la atmósfera. Incluye una de esas fotografías.
Project Blue Book, expediente «7 Oct 65, Edwards AFB, California» (NARA), espejo en archive.org · pp. 1, 2, 16–23 y 32 · Dominio público · obra del Gobierno de EE. UU. · abrir original

Contexto · Base Aérea de Edwards (California)
T-7A Red Hawk over Edwards Air Force Base.jpg · Wikimedia Commons · Dominio público · abrir original
La noche en cuestión
Edwards Air Force Base, en el desierto de Mojave, era en 1965 el centro de pruebas de vuelo de la Fuerza Aérea estadounidense. Según el informe que su jefatura envió a Blue Book el 21 de diciembre de 1965, firmado por el capitán John D. Balent, el operador de la torre, el sargento Charles A. Sorrels, notó a las 01:33 (08:33 UTC) del 7 de octubre unas luces que parpadeaban. El primer objeto, y el más llamativo, apareció a 10 grados de altura y en acimut 62, hacia el este-noreste; los demás, entre 20 y 45 grados de altura y en acimut 50 a 75. Los observadores estaban en las oficinas de operaciones de la base y usaron prismáticos de 7x50: además de Sorrels, el capitán Darryl Clark, piloto de alerta del 329.º escuadrón de cazas, el despachador Forrest Honer y el observador meteorológico Keith Peneau. El informe dice que todos los objetos tenían «la forma y el aspecto general de estrellas», el mismo color que ellas y el tamaño de una estrella (el mayor, el doble), que fueron entre siete y doce, que parpadeaban en rojo, verde y blanco, y que tres formaban una especie de V invertida. Su cambio principal era de altura: parecían quedarse quietos y luego subir casi en vertical. Tres se desvanecieron en unos 30 minutos; los cuatro más visibles parpadearon unas dos horas y después «ocuparon su lugar entre las estrellas» y siguieron allí, «con el aspecto de todas las demás estrellas, hasta el amanecer». El más brillante se vio por última vez a unos 50 grados de altura y acimut 135, hacia el sureste. La noche era despejada, con 55 km de visibilidad.
Fue la torre la que consultó a la red de radar a través del sector de defensa aérea de Los Ángeles; hasta entonces no se había detectado nada inusual. A lo largo de cuatro horas y media, radares de San Pedro, Laguna, la base March y Boron mostraron en uno u otro momento hasta doce contactos en la zona, casi todos muy breves y difíciles de seguir por su lentitud; el radar de altura, dice el informe, «tuvo poca suerte» al medir cambios de altitud, y es «imposible determinar» qué contactos corresponden a las luces. Aun así, el mismo informe afirma que los radares de búsqueda, de altura y de aproximación «captaron los objetos», que el sector siguió los contactos U090, U091 y U092, los que pesaron en la decisión de hacer despegar un interceptor, «lo bastante cerca» de las luces observadas como para que existiera «la posibilidad de que fueran los mismos», y que en un momento el operador de la torre y el de radar casi llegaron a ponerse de acuerdo sobre tres objetos. Las trazas no identificadas recibieron los números U090, U091, U092, U103, U104 y U105. El F-106 salió de la base George a las 05:09 (12:09 UTC), cuando la actividad «casi había terminado» y las luces ya no parpadeaban; guiado a ojo desde la torre, pasó por la zona a 15.000, 20.000 y 40.000 pies y lo único fuera de lo normal que informó fueron reflejos de luces rojas en el lago seco, que en su opinión venían de algo distinto de las balizas de la zona. Un avión civil que cruzó la zona a 14.000 pies en el momento de mayor actividad no vio nada raro. El sector grabó en cinta la mayoría de las conversaciones y la base envió a Blue Book tres cintas magnéticas con un índice de los pasajes importantes, junto con dos rollos de fotografías de las pantallas de radar tomadas entre las 02:47 y las 05:40.
El oficial que redactó el informe llegó a las 03:00, cuando la actividad había disminuido pero el operador de la torre aún decía ver destellos en dos de los cuatro objetos. Escribió que vio los objetos, pero que no podía asegurar haber visto destellos: «parecían estrellas corrientes», uno muy brillante, «pero no tanto como para descartar que fuera una estrella»; a veces un par de ellos parecían titilar, pero no vio «ningún destello intermitente claro». Advirtió también que lo que vio era el final de la actividad y que, según los observadores, «no era representativo» de lo que habían visto antes. Anotó que un octavo objeto, que según los testigos se comportaba como los anteriores salvo porque solo destellaba en blanco y rojo y se desplazaba más de lado, resultó ser el globo meteorológico soltado desde Edwards a las 05:00, y que «estos objetos se comportaban en cierto modo como globos». Aun así, concluyó que «todos los implicados» en el sector y en la base estaban «convencidos de que había ocurrido algo inusual». El informe recoge además un relato de tercera mano, el de un conductor que habría visto un objeto rojo sobre la carretera 138, cuyo origen el oficial no pudo localizar y que se inclinó a considerar un engaño. Vincent D. Bryant, de la división de electrónica defensiva de la División de Tecnología Extranjera, revisó las fotografías. Advirtió que, sin saber qué radar se usó, con qué frecuencia y con qué tipo de pantalla, no podía hacer una evaluación completa, y que sus comentarios se basaban en condiciones generales que podían ser válidas o no en este caso. Vio «literalmente docenas» de ecos que aparecían, se movían y desaparecían al azar, parecidos a los de masas de tierra o nubes, y dedujo que no eran blancos materiales como aviones, globos o vehículos espaciales. Descartó las nubes por la noche despejada, y el error de operador porque lo excluían las fotos y «las observaciones visuales coincidentes»; sobre todo por esas observaciones visuales consideró también improbables el bloqueo, las interferencias y la avería del equipo. Propuso la propagación anómala, aunque «evidentemente» no hubo inversión térmica, y concluyó que la única explicación lógica eran variaciones radicales de la atmósfera que produjeron «tanto los avistamientos visuales como los de radar», y que estaba «fuera de lo probable» que fueran blancos materiales. La tarjeta del caso no lo siguió en la parte visual; concluye: visual, astronómico (estrellas y planetas), con «globo» añadido a mano; radar, ecos por condiciones atmosféricas. El cálculo de posiciones respalda en parte la lectura astronómica: a la hora del primer avistamiento, Júpiter (magnitud −2,3) estaba a unos 33 grados de altura en acimut 83, Capella a 49 grados en acimut 58, y Cástor y Pólux a unos 16 a 20 grados en acimut 64 a 67. Las estrellas bajas centellean en rojo, verde y blanco, y al salir por el este su cambio principal es precisamente de altura. Pero el recorrido del objeto más brillante no es el de una sola estrella: apareció a 10 grados en acimut 62, por debajo de Cástor y Pólux, y tras parpadear unas dos horas se lo vio por última vez a 50 grados en acimut 135, mientras que en ese tiempo Pólux solo subió hasta unos 40 grados en acimut 80, y Júpiter hasta unos 57 grados en acimut 102. En cambio, en el punto donde se lo vio por última vez estaban entonces Bellatrix (unos 53 grados, acimut 136) y Betelgeuse (unos 50 grados, acimut 125), y cerca de donde se perdieron las tres luces en V (35 grados, acimut 140 a 150) estaban Rigel y el cinturón de Orión, algo más altos. El propio informe apunta que esas luces pudieron apagarse y que los observadores las sustituyeron por «estrellas que estaban en la zona del último avistamiento».
Por qué importa
En Edwards 1965 el propio expediente conserva la descripción detallada de los testigos, la cronología del radar y la noticia de que el sector de defensa aérea grabó las comunicaciones y envió las cintas a Blue Book. Ese material permite contrastar el relato con los datos, y el contraste no apunta en una sola dirección. Los propios testigos describieron las luces como estrellas en forma, tamaño y color; aparecieron en la zona del cielo donde estaban Júpiter, Capella, Cástor y Pólux; subieron como sube el cielo del este; y al final «ocuparon su lugar entre las estrellas» hasta el amanecer. El oficial que llegó a las 03:00 solo vio estrellas corrientes, aunque los testigos le dijeron que aquello no era representativo de lo anterior, y el único objeto que se pudo identificar con certeza fue un globo meteorológico que los testigos habían tomado por otra luz más y que, según el informe, consideraron representativo de lo que habían visto antes. En la otra dirección, las posiciones que el informe da al objeto más brillante no siguen a ninguna estrella, y el radar no quedó desligado de las luces: los ecos fueron breves y dispersos y nadie pudo asignarlos con certeza, pero el informe recoge que en un momento torre y radar casi coincidieron en tres objetos, y que los contactos que motivaron el despegue estaban lo bastante cerca de las luces como para que pudieran ser los mismos. El analista que examinó las fotografías de pantalla usó esas observaciones visuales coincidentes para descartar el error de operador y las interferencias, y atribuyó a la atmósfera tanto los ecos como las luces. El interceptor salió casi tres horas y media después del primer avistamiento, cuando la actividad casi había terminado. Las cintas, que suelen presentarse como prueba de un fenómeno, son según el propio informe largas y en buena parte «poco esclarecedoras»; se han difundido después copias de audio atribuidas a ellas y entrevistas atribuidas a Sorrels, cuya autenticidad no está comprobada.
El caso sirve por eso como ejemplo de un patrón conocido y de sus límites: observadores profesionales, de noche y con prismáticos, pueden tomar el centelleo de estrellas bajas por luces que parpadean y se mueven, y la consulta a la red de radar puede producir ecos atmosféricos que parecen confirmarlo, porque se buscan después de la observación visual y en la misma dirección. Nada de ello resta mérito a los testigos ni convierte la explicación en segura: el informe de la base dejó constancia de que nadie en el sector encontró una explicación plausible en el momento y de que todos, en el sector y en Edwards, estaban convencidos de que había ocurrido algo inusual. Las dos conclusiones oficiales tampoco coinciden: la tarjeta atribuye las luces a estrellas y planetas, y el analista de radar, a las mismas variaciones atmosféricas que los ecos, un mecanismo que propuso a partir de condiciones generales del radar y aunque no hubo inversión térmica. Lo que se describe no se parece a un aparato: si algún prototipo hubiera volado esa noche, no explicaría luces que se quedaron hasta el amanecer con el aspecto de las estrellas. El globo de las 05:00 es el único objeto material identificado, y la parte de radar sigue sin resolver en detalle; el analista la consideró ajena a cualquier blanco material.
Lo que queda en papel
Evidencia documentada
- Informe del centro de pruebas de vuelo de Edwards a Blue Book (21 de diciembre de 1965, capitán John D. Balent): entre siete y doce luces con «la forma y el aspecto general de estrellas», que parpadeaban en rojo, verde y blanco, primer avistamiento a las 08:33 UTC
- Testigos identificados en el informe: el sargento Charles A. Sorrels (torre), el capitán Darryl Clark (piloto), el despachador Forrest Honer y el observador meteorológico Keith Peneau, con prismáticos de 7x50
- Hasta doce contactos breves en radares de San Pedro, Laguna, la base March y Boron; el informe dice que es «imposible determinar» cuáles corresponden a las luces, pero también que en un momento torre y radar casi coincidieron en tres objetos y que U090, U091 y U092 estaban lo bastante cerca de las luces como para que pudieran ser los mismos
- Despegue de un F-106 desde la base George a las 12:09 UTC, cuando la actividad «casi había terminado»; sin resultados, salvo reflejos de luces rojas en el lago seco que el piloto atribuyó a algo distinto de las balizas
- Tres cintas magnéticas de las comunicaciones del sector de defensa aérea de Los Ángeles y dos rollos de fotografías de pantalla, enviados a Blue Book
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- Un octavo objeto resultó ser el globo meteorológico soltado desde Edwards a las 05:00; el oficial investigador solo vio «estrellas corrientes» a las 03:00, aunque según los testigos aquello no era representativo de lo anterior
- Conclusiones: la tarjeta atribuye lo visual a estrellas, planetas y un globo, y el radar a condiciones atmosféricas; la evaluación de la FTD (Vincent D. Bryant) descarta el error de operador y las interferencias por las «observaciones visuales coincidentes» y atribuye a variaciones radicales de la atmósfera tanto los ecos como los avistamientos visuales, aunque no hubo inversión térmica
- Cálculo de posiciones: a las 08:33 UTC Júpiter, Capella, Cástor y Pólux estaban en la ventana de altura y acimut descrita por los testigos, pero el recorrido del objeto más brillante, de acimut 62 a 135, no corresponde al de una sola estrella
Fuentes
- Proyecto Blue Book — expediente «7 Oct 1965, Edwards AFB, California» (tarjeta: visual, astronómico; radar, condiciones atmosféricas), NARA, espejo en archive.org — Fuente primaria. 37 páginas: tarjeta, informe del centro de pruebas de vuelo del 21 de diciembre de 1965, índice de las cintas y evaluación de las fotografías de radar por la División de Tecnología Extranjera
- Proyecto Blue Book — expediente fotográfico 10021 de Edwards AFB (archive.org) — Fuente primaria: copias de las fotografías de las pantallas de radar, con el reloj reflejado y decenas de ecos dispersos
- Cintas de comunicaciones del sector de defensa aérea de Los Ángeles, 7 de octubre de 1965 — Tres cintas magnéticas adjuntas al informe enviado a Blue Book; las copias de audio que han circulado después no se han comprobado en esta revisión
- NICAP — directorio del caso Edwards AFB 1965 — Fuente secundaria: compilación documental del caso
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