1975–1979·Dulce, condado de Río Arriba, Nuevo México

Estados Unidos.Ola de mutilaciones de ganado en Nuevo México (Dulce)

De 1975 a 1979, decenas de reses aparecieron muertas en Nuevo México sin lengua, ojos, ubre o genitales, con el foco en Dulce (condado de Río Arriba). El agente estatal Gabe Valdez describió cortes «precisos», marcas de trípode, radiación y animales izados por aire; el senador Harrison Schmitt llevó el asunto al FBI y una subvención federal pagó una investigación dirigida por el exagente Kenneth Rommel.

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Su informe de 1980 concluyó que ninguno de los 117 casos que revisó podía confirmarse como mutilación «clásica» y atribuyó los que tenían datos suficientes a carroñeo tras una muerte natural, aunque Rommel nunca examinó en persona un caso de Dulce.

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Qué fue

85%causa natural o humana

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Causa natural o humana

Fenómeno natural83%
Tecnología humana clasificada2%
Tecnología adversaria0%

Sin causa conocida

Indeterminado13%
No humano, ocultado por un Estado1%
No humano, sin control de ningún Estado1%
Por qué: Informe Rommel, cap. 3: «En mi evaluación de los 90 casos anteriores de Nuevo México no encontré nada en los informes oficiales que indique que el animal fuera mutilado por agentes distintos de depredadores y carroñeros. La evidencia disponible sugiere con fuerza que esos animales murieron de causas naturales o lesiones comunes y fueron luego devorados por carroñeros.» La clase cubre el daño a los cadáveres; no explica cada luz ni cada aeronave denunciada. (Rommel, K. M. — «Operation Animal Mutilation» (junio 1980), cap. 3, «Summary and Conclusions» ↗)

Los años en cuestión

Entre 1975 y 1979, ganaderos de Nuevo México empezaron a encontrar reses muertas a las que les faltaban la lengua, una oreja, un ojo, la ubre, los genitales o el recto, a menudo sin sangre visible alrededor. Las primeras denuncias llegaron en 1975 desde las llanuras del este del estado (Clayton, Raton, Tucumcari, Springer), y la Junta Ganadera de Nuevo México pidió ayuda al Laboratorio Científico de Los Álamos para determinar la causa de las muertes. La lista de la propia Junta, incluida después en el expediente del FBI, registra unos 25 casos de agosto de 1975 a septiembre de 1976, con anotaciones como «huellas de coyotes (o perros)» o «ninguna» en la casilla de rastros. Desde 1976 el foco se desplazó al norte, al condado de Río Arriba, y en especial a Dulce, junto a la reserva apache jicarilla.

El caso que fijó el patrón empezó la noche del 13 de junio de 1976, cuando Manuel Gómez avisó de una vaca muerta en su rancho, a 13 millas al este de Dulce según el informe policial; el agente de la Policía Estatal Gabe Valdez la examinó a la mañana siguiente y describió una vaca de tres años sin la oreja izquierda, la lengua, la ubre ni el recto, extirpados con lo que «parecía un instrumento afilado y preciso», y un rastro de marcas circulares en trípode, de unas 4 pulgadas de diámetro, que seguía a la vaca unos 600 pies. Según su informe, el laboratorio de la Policía Estatal y la oficina del médico forense analizaron muestras de piel e informaron de que se había cortado con un instrumento afilado. Anotó además una sustancia amarilla y aceitosa que ningún laboratorio llegó a identificar y unas lecturas de radiación del doble del fondo normal, tomadas tres días después por Howard Burgess, científico jubilado de Sandia. Escribió además que «las marcas del trípode habían vuelto y retirado la oreja izquierda», intacta cuando Gómez halló el animal. Su informe atribuía las mutilaciones a una operación «sofisticada y secreta», no a sectas ni a depredadores. La segunda oleada llegó en 1978: un toro de once meses de Gómez el 24 de abril, con el hígado «blanco y blando»; varias vacas en mayo con patas que Valdez dio por fracturadas y marcas que leyó como abrazaderas; y otra vaca de Gómez el 14 de junio. Los Álamos examinó tejido del toro y respondió el 9 de mayo de 1978 que el cultivo del corazón dio Clostridium, pero que la posible contaminación impedía concluir que la infección fuera la causa de la muerte; según Rommel, el científico que hizo la prueba opinó de manera informal que el animal probablemente murió de carbunco sintomático. En julio, Valdez y Burgess pasaron unas 70 reses de Gómez bajo luz ultravioleta y hallaron una sustancia fluorescente en cinco de ellas; según Rommel, ninguna de las marcadas apareció mutilada después.

La presión política creció a la vez. Gómez escribió al senador Harrison Schmitt, que en diciembre de 1978 pidió al fiscal general Griffin Bell reabrir una investigación federal. Un memorando de su oficina contaba, con datos de Valdez, 65 mutilaciones de ganado y seis de caballos en Nuevo México desde 1975, 45 de ellas en 1978, ocho en la reserva jicarilla y siete en el pueblo de Santa Clara (el recuento posterior de Rommel, con informes de la Junta Ganadera, la Policía Estatal y la prensa, daría 90 casos de 1975 a mayo de 1979, 30 de ellos en 1978 y 26 en todo el condado de Río Arriba). El mismo memorando recogía el caso del 29 de enero de 1979 en el condado de Torrance: el sargento que lo encontró dijo que el novillo seguía lo bastante caliente como para derretir la nieve alrededor y que le habían retirado el escroto y el pene «con precisión quirúrgica». Como solo los casos en tierras indígenas daban jurisdicción federal, el Departamento de Justicia encargó al FBI en marzo de 1979 investigar esas quince. Según el FBI de Albuquerque, Valdez sostenía que se trataba de una operación clandestina de la CIA o del Departamento de Energía ligada a la guerra biológica. Según el Albuquerque Journal, el 8 de abril de 1979 dos agentes de la policía tribal jicarilla vieron una aeronave suspendida a unos 50 pies del suelo con un foco sobre el ganado, y un policía de Dulce la vio después. El 20 de abril, Schmitt y el fiscal federal R. E. Thompson reunieron en Albuquerque a unas 180 personas. Valdez habló de 90 reses y seis caballos muertos en tres años; Gómez, de seis animales; el veterinario forense Richard Prine, de Los Álamos, atribuyó los casos que había examinado a depredadores; y el investigador Carl Whiteside, del Buró de Investigación de Colorado, contó que de 203 denuncias en su estado solo 19 cadáveres llegaron lo bastante frescos al laboratorio, que en nueve vio mutilación deliberada y que dos de esas resultaron obra de bromistas.

El 24 de abril de 1979 la Administración de Asistencia a las Fuerzas del Orden (LEAA) concedió 44.170 dólares a la Fiscalía del Primer Distrito Judicial, y el exagente del FBI Kenneth Rommel dirigió la investigación del 28 de mayo de 1979 al 27 de mayo de 1980. El FBI, por su parte, escribió en abril de 1979 que los cadáveres de los quince casos habían sido destruidos, y en enero de 1980 que esas denuncias, todas de 1978 y aunque rodeadas de circunstancias sospechosas, no permitían determinar con certeza que los animales hubieran sido mutilados, porque ninguna agencia había conservado pruebas ni redactado informes completos; cerró su expediente en diciembre de 1979. El 15 de abril de 1980 Rommel adelantó en rueda de prensa que la causa era «la Madre Naturaleza, actuando como la gran ecóloga»; su informe de junio, «Operation Animal Mutilation», revisó 90 casos anteriores y 27 nuevos y concluyó que ninguno podía confirmarse como mutilación «clásica». En la rueda de prensa admitió que en «menos de 25 casos» podía haber intervenido una mano humana, con cortes hechos siempre después de la muerte del animal, y Schmitt declaró que las conclusiones no le satisfacían y que pediría al Departamento de Justicia seguir investigando.

Por qué importa

Este caso es el que dio origen a una investigación con dinero federal, y la comparación entre lo que se denunció y lo que quedó en los expedientes es la parte valiosa. Las marcas de trípode de los cuatro casos que Rommel revisó y los informes de abrazaderas y huesos rotos que analizó los firmó el mismo policía (el guarda Bob Johnston describió ante la prensa otros animales con huesos rotos, como «levantados con un tornillo de banco»); Rommel señaló que los informes se redactaron meses después de las visitas (el de junio de 1976, el 15 de diciembre), que no le constaba que nadie hubiera sacado moldes de las huellas y que nada indicaba si la lectura de radiación se comparó con una medición de fondo. Valdez le admitió que la vaca que había descrito «en las ramas de un árbol» estaba al pie del árbol. Las escamas recogidas en Taos tras una luz naranja en julio de 1978, que la prensa relacionó con la sustancia fluorescente de Dulce, resultaron ser, según el laboratorio del FBI, pintura de esmalte blanco de exterior. En el novillo de Torrance de enero de 1979, el químico de Los Álamos que había detectado clorpromazina dijo después que solo había trazas sin efecto y que el ácido cítrico era normal; el inspector halló huellas de perros y mordiscos. Sobre la aeronave del 8 de abril, Rommel explicó que la FAA había seguido esa noche un avión de empresa entre Durango y Albuquerque, a 11.500 pies y a 35 millas de Dulce, y lo usó para desmontar el rumor que unía la CIA con las mutilaciones; Valdez respondió que ese avión no era la aeronave en cuestión. La lápida que «brillaba» en el cementerio de los Gómez resultó, según varios agentes, el reflejo de una luz cercana.

La evidencia en contra también consta en los papeles. Rommel nunca examinó un caso de Dulce: el 11 de octubre de 1979 según le transmitió Valdez, que canceló él mismo el viaje del laboratorio de la Policía Estatal, la dueña de la única res de Dulce denunciada ante su proyecto rechazó la inspección; Valdez le dijo que no le avisaba de los casos que no consideraba «clásicos». En los quince casos que visitó no buscó la causa de la muerte: según escribe, al ver bordes desgarrados o marcas de dientes no vio razón para determinarla. De los 90 casos anteriores, 21 carecían de datos para juzgarlos, y en todo el periodo previo solo halló dos animales con cortes de cuchillo hechos por personas, uno de ellos fuera de los 90 (un burro y una vaca muerta por un rayo), lejos del patrón descrito. En Dulce, Valdez respondió que Rommel «no ha visto una mutilación clásica», el inspector ganadero Jim Byrd dudó de que hubiera visto alguna, y el guarda Bob Johnston y Gómez se quejaron de que nunca habló con ellos; Gómez perdió veinte reses entre enero y junio de 1979, y cuando el laboratorio habló de hierba loca, Valdez objetó que era invierno y no la había. Esas objeciones no traen pruebas físicas nuevas, y según el Rio Grande Sun los investigadores de Río Arriba no discutían que los animales que vio Rommel murieran de causas naturales. Pero los análisis de los casos de Dulce que constan son pocos y no concuerdan (el corte con instrumento afilado que el informe de Valdez atribuye en 1976 a los laboratorios estatales, el resultado inconcluso de Los Álamos en 1978), ninguno se repitió con los criterios de Rommel, y esa laguna es el límite real de la explicación.

Lo que queda en papel

Evidencia documentada

  1. Informe policial de Gabe Valdez sobre el rancho Gómez (aviso el 13 jun 1976, examen el 14 jun, redactado el 15 dic 1976): vaca sin oreja izquierda, lengua, ubre ni recto; marcas en trípode de unas 4 pulgadas; piel «cortada con un instrumento afilado» según los laboratorios estatales; sustancia aceitosa no identificada; radiación «dos veces» el fondo medida tres días después (expediente del FBI)
  2. Carta del Laboratorio Científico de Los Álamos a Valdez (9 may 1978): Clostridium en el corazón, pero la posible contaminación impide atribuir la muerte a infección (expediente del FBI)
  3. Memorando a Schmitt (ene 1979), con datos de Valdez: 65 mutilaciones de ganado y 6 de caballos en Nuevo México desde 1975, 45 en 1978; ocho en la reserva jicarilla y siete en Santa Clara; memorando de Philip Heymann (2 mar 1979) que encarga al FBI los quince casos en tierras indígenas
  4. Acta del FBI de la conferencia de Albuquerque (20 abr 1979, unas 180 personas): Valdez, 90 reses y 6 caballos en tres años; Prine (Los Álamos), depredadores; Whiteside (Colorado), 203 denuncias, 19 cadáveres analizables, 9 mutilaciones deliberadas, 2 de bromistas
  5. FBI de Albuquerque (abr y ago 1979, 15 ene 1980): cadáveres destruidos; ninguna agencia reunió ni conservó pruebas ni redactó informes completos; las denuncias de 1978, aunque rodeadas de circunstancias sospechosas, no permitían determinar con certeza que hubiera mutilación
Ver 3 evidencias más
  1. Informe Rommel (jun 1980): de 90 casos anteriores, 69 explicables al menos en parte y 21 sin datos suficientes; en todo el periodo previo, solo dos animales con cortes de cuchillo hechos por personas, uno de ellos fuera de los 90; 27 incidentes durante el proyecto, con daño de carroñeros en los 25 denunciados como mutilación según Rommel (uno de ellos, el de Dulce, no lo inspeccionó)
  2. Laboratorio del FBI (abril 1980): las escamas de Taos ligadas por la prensa a Dulce eran pintura de esmalte blanco de exterior; el químico de Los Álamos rebajó la clorpromazina del novillo de Torrance a trazas sin efecto
  3. Rio Grande Sun (17 abr 1980): Valdez, Byrd y Johnston rechazan el informe y Valdez dice que Rommel «no ha visto una mutilación clásica»; el propio informe confirma que el único caso de Dulce denunciado ante el proyecto no se le dejó inspeccionar

Fuentes

  1. Rommel, K. M. — «Operation Animal Mutilation: Report of the District Attorney, First Judicial District, State of New Mexico» (junio 1980), transcripción en RR0 — Fuente primaria principal: historia de los casos 1975–1979, evaluación de los 90 casos anteriores y de los 27 del proyecto, conclusiones y recomendaciones.
  2. FBI — expediente «Animal Mutilation» (1974–1980), copia en archive.org — Correspondencia de Schmitt, informes policiales de Valdez, carta de Los Álamos (9 may 1978), acta de la conferencia del 20 abr 1979 y memorandos de cierre.
  3. UFO Newsclipping Service n.º 130 (mayo 1980), archive.org — Reproduce el Rio Grande Sun (17 abr 1980) y The New Mexican (18 abr 1980) sobre la rueda de prensa de Rommel y las objeciones de Dulce.

Documentos que lo respaldan

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