1977·Radiotelescopio Big Ear, Delaware, Ohio

Estados Unidos.Señal Wow! · Big Ear

El 15 de agosto de 1977, el radiotelescopio Big Ear de la Universidad Estatal de Ohio registró una señal de banda estrecha 30 veces más intensa que el ruido de fondo, cerca de la línea del hidrógeno (1420 MHz), proveniente de Sagitario. El astrónomo Jerry Ehman circuló el código '6EQUJ5' en la impresora y anotó al margen 'Wow!'. Nunca se repitió pese a búsquedas posteriores.

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Evidencia institucional: varios testigos independientes identificados, o documentación oficial de la época, sin un registro instrumental que los corrobore.

Qué fue

57%causa natural o humana

Explicación más probable: fenómeno natural

Causa natural o humanaSin causa conocida
Ver el reparto entre las seis explicaciones

Causa natural o humana

Fenómeno natural50%
Tecnología humana clasificada4%
Tecnología adversaria3%

Sin causa conocida

Indeterminado31%
No humano, sin control de ningún Estado10%
No humano, ocultado por un Estado2%
Por qué: Méndez y colaboradores (2024), con datos del radiotelescopio de Arecibo: detectaron señales parecidas, más débiles, que se identifican fácilmente como pequeñas nubes interestelares de hidrógeno frío; «planteamos la hipótesis de que la señal Wow! fue causada por un abrillantamiento repentino de la línea del hidrógeno en estas nubes, desencadenado por una fuente transitoria de radiación intensa, como una fulguración de un magnetar». Es una hipótesis, no una identificación. (Méndez, A. et al. — «Arecibo Wow! I: An Astrophysical Explanation for the Wow! Signal», arXiv:2408.08513 (2024), resumen ↗)

Documentos primarios

Señal Wow! · el impreso original del radiotelescopio Big Ear con la anotación de Jerry Ehman (15 ago 1977)

Señal Wow! · el impreso original del radiotelescopio Big Ear con la anotación de Jerry Ehman (15 ago 1977)

Big Ear Radio Observatory / North American AstroPhysical Observatory vía Wikimedia Commons · Dominio público · abrir original

La noche en cuestión

Hacia las 23:16 (hora de verano del Este) del 15 de agosto de 1977, sin nadie en el observatorio, el radiotelescopio Big Ear de la Universidad Estatal de Ohio (entonces dedicado al proyecto SETI de la institución) registró de forma automática una señal de radio extraordinariamente intensa. El instrumento no apuntaba mecánicamente, sino que dejaba que la rotación de la Tierra barriera el cielo, de modo que cualquier fuente puntual permanecía en el lóbulo de la antena unos 72 segundos. La señal entró y salió con exactamente ese perfil temporal: ascendió hasta un pico y volvió a descender siguiendo la curva de respuesta esperada para una fuente celeste fija, no para una interferencia terrestre.

“: una intensidad que trepaba muy por encima de todo lo registrado habitualmente, unas 30 veces el ruido de fondo. Impresionado, rodeó la secuencia con un bolígrafo rojo y escribió al margen una sola palabra: ”

Unos días después, el astrónomo voluntario Jerry R. Ehman revisó las impresiones de papel continuo que el computador del observatorio generaba. La intensidad se codificaba con un solo carácter por intervalo (números 0-9 y luego letras para los valores más altos). En una de las columnas leyó la secuencia '6EQUJ5': una intensidad que trepaba muy por encima de todo lo registrado habitualmente, unas 30 veces el ruido de fondo. Impresionado, rodeó la secuencia con un bolígrafo rojo y escribió al margen una sola palabra: 'Wow!'. Ese gesto bautizó el caso para siempre.

La señal tenía las características que cualquier programa SETI consideraba prometedoras. Era de banda muy estrecha (del orden de 10 kHz o menos), algo difícil de producir por fenómenos naturales de banda ancha y más propio de un transmisor deliberado. Su frecuencia, cercana a los 1420 MHz, caía en torno a la línea de emisión del hidrógeno neutro, la región del espectro que los teóricos habían señalado durante décadas como el 'canal natural' donde una civilización buscaría comunicar. La dirección apuntaba hacia la constelación de Sagitario, en las inmediaciones del cúmulo globular M55.

El problema decisivo llegó después: la señal nunca se repitió. Ehman y otros volvieron a apuntar Big Ear a la misma región en múltiples ocasiones, y posteriormente otros instrumentos (incluido el Very Large Array y, en 1995-1999, búsquedas dedicadas) rastrearon la zona sin recuperar nada. Una señal irrepetible no puede confirmarse ni atribuirse con seguridad. Durante décadas se barajaron explicaciones mundanas: reflexión de una transmisión terrestre en basura espacial, un satélite, o interferencia de radiofrecuencia. Ehman las examinó en su informe de 1997: un avión o un satélite no producirían la respuesta de fuente puntual que se registró, ningún transmisor debía emitir en la banda protegida de 1420 MHz, y un reflejo en basura espacial exigiría un fragmento metálico que no girara ni se moviera respecto del cielo, por lo que lo juzgó «mucho menos probable» de lo que creyó al principio. Señaló además un rasgo que acota la señal: el receptor tenía dos bocinas que barrían la misma fuente con unos tres minutos de diferencia, y la señal apareció en una sola, de modo que, mientras el haz la cubría, no duró más de unos 2,5 minutos; Ehman advierte, eso sí, que pudo estar presente hasta casi 24 horas antes, el tiempo que tarda la rotación en volver a llevar el haz sobre la fuente, y que no reapareció en esa misma franja de cielo durante los 30 días siguientes. En 2017 se propuso que una nube de hidrógeno de un cometa (266P/Christensen) podría haber producido la emisión, hipótesis criticada por no ajustar bien la banda estrecha. En 2024, un equipo que reanalizó datos del proyecto Arecibo Wow! propuso un mecanismo astrofísico (un destello de máser estimulado de hidrógeno por una fuente transitoria) como candidato más sólido. Ninguna explicación ha cerrado el caso de forma concluyente.

Por qué importa

La Señal Wow! está en la frontera entre la astronomía rigurosa y la pregunta sobre inteligencias no humanas: lo registró un instrumento científico calibrado, en un proyecto formal, con un perfil temporal compatible con una fuente celeste real, y aun así resiste cuarenta años de intentos de explicación. Su valor no es que 'fuera un mensaje' (no hay base para afirmarlo) sino que delimita con precisión qué exige la evidencia: una detección única, irrepetible, por sólida que sea su firma, no puede ascender de anomalía a hecho.

Las hipótesis astrofísicas recientes (máser de hidrógeno estimulado, emisión transitoria) son las explicaciones más fuertes en pie, y la incapacidad de reproducir la señal favorece tanto un fenómeno natural raro como una interferencia no identificada antes que una transmisión deliberada.

Lo que queda en papel

Evidencia documentada

  1. Impresión original del computador de Big Ear con la secuencia '6EQUJ5' rodeada y la anotación manuscrita 'Wow!' de Jerry Ehman (15 ago 1977)
  2. Perfil temporal de ~72 s compatible con una fuente celeste fija barrida por la rotación terrestre, no con interferencia local
  3. Ancho de banda estrecho (un canal de 10 kHz) próximo a la línea del hidrógeno neutro (1420 MHz); pico 30,5 ± 0,5 veces el ruido de fondo; vista en una sola de las dos bocinas, lo que limita a unos 2,5 minutos su presencia durante el barrido, aunque pudo existir hasta casi 24 horas antes (Ehman, 1997)
  4. Dirección hacia Sagitario, cerca del cúmulo globular M55
  5. Búsquedas de reobservación (Big Ear, VLA, META, 1995-1999) sin recuperar la señal
  6. Reanálisis Arecibo Wow! (2024) proponiendo un máser de hidrógeno estimulado como fuente astrofísica candidata

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